Imagen:// M. Villar / X. A. SolerDe izquierda a derecha y de arriba a abajo: José Domingo Pedreira, en el Chuac; Manuel Boquete, del área sanitaria de Lugo; Pedro Marcos Velázquez, médico en Ourense, y José María Martinón, del CHUS

Los sabios de la medicina gallega

Cinco médicos con una trayectoria de prestigio mantienen su vinculación con el Sergas en la figura del emérito


Santiago / La Voz

En el año 2010 el Sergas creó la figura del médico emérito. A semejanza de lo que ya ocurría en la universidad, con esta filosofía pretendía reconocer a aquellos profesionales jubilados con una trayectoria destacada. Facultativos que pasaron décadas dedicados a la sanidad pública gallega, que implantaron nuevos procesos asistenciales, que gestionaron servicios con éxito, que formaron a cientos de residentes y que atendieron a miles de pacientes.

Con los años y la crisis se redujo considerablemente la posibilidad de nombrar eméritos. En la actualidad se designan dos en cada convocatoria por un tiempo máximo de dos años. Esto implica que el sistema puede contar con cuatro eméritos de forma simultánea. Cierto es que en estos momentos hay cinco, porque en el 2016 se nombró a tres. Y es que aunque el médico emérito lo es de por vida, ya que es un reconocimiento vitalicio, la vinculación con el sistema se mantiene solo ese período de dos años.

No están todos los que son, pero son todos los que están. Los sabios de la medicina gallega son Manuel Boquete París, del área sanitaria de Lugo; Pedro Marcos Velázquez, de Ourense; José Santiago Quintana García, de la estructura de gestión integrada de Santiago; José María Martinón Sánchez, también del CHUS; y José Domingo Pedreira Andrade, de A Coruña.

Diferentes proyectos

José María Martinón Sánchez forma parte de una larga saga de profesionales de la sanidad, la mayoría pediatras. Fue jefe de servicio en el complejo hospitalario de Santiago hasta hace unos meses, y desde marzo es emérito. Cuarenta y tres años en el sistema público. Es un orgullo, dice, que se reconozca su trayectoria. Trayectoria que no ha finalizado, porque esta figura implica llevar a cabo un proyecto de investigación, de gestión o relacionado con la asistencia. En su caso pasa por la humanización de pediatría, habilitación de espacios, análisis del trato en las relaciones de los grupos familiares, coordinación de ayudas... ¿Y en 43 años? ¿Qué ha cambiado en más de cuatro decenios de sanidad pública? «Precisamente, creo que el desarrollo tecnológico, que fue muy beneficioso, también había provocado que se perdiese esa medicina humanística, y con este proyecto queremos retomar la parte humanística y ética en la relación con el paciente. Esa es una labor que podemos hacer los que tenemos una larga y prolongada experiencia», explica.

Manuel Boquete, presidente del Colegio de Médicos de Lugo, es otro de los cinco eméritos actuales. Lo es desde el 2016. Los años aportan «una visión más ponderada de las cosas y una manera, digamos, en términos taurino, de templar», apunta.

Reconoce que son muy pocos, ya que la norma permitiría nombrar a más, pero admite por otro lado que el hecho de que los nombramientos se produzcan a cuentagotas les confiere un carácter más extraordinario.

En su caso, desarrolla un proyecto que tiene relación directa con la asistencia. Especialista en alergología, su trabajo consiste en tratar a los pacientes asmáticos infantiles en casos de difícil control. «No necesariamente tiene que ser grave, aunque a veces coincide; son niños que van mucho a urgencias por este tema, y se trata de verlos con un poco de calma y valorarlos», cuenta.

«En esta profesión siempre se está aprendiendo», dice Pedro Marcos

Pedro Marcos Velázquez, quien fue jefe del servicio de neumología del CHUO, forma parte de este quinteto de profesionales que siguen vinculados al Sergas por su condición de eméritos. Le gusta mantener el contacto: «Asisto a todas las sesiones clínicas del servicio con los residentes». Y entre sus proyectos figuran ver la organización de un hospital de día de neumología, analizar la situación de las terapias respiratorias domiciliarias y valorar elementos de mejora.

Admite que es un orgullo que la Administración sanitaria reconozca una trayectoria de trabajo, «porque desde luego hay muchos más médicos compañeros que podrían ser eméritos, por lo que siempre es una honra y una satisfacción». Un orgullo y una forma de seguir aprendiendo, «porque en esta profesión siempre se está aprendiendo, es una profesión viva, hay mejoras, cambios, nuevos tratamientos, nuevas formas de gestionar la sanidad», explica.

El fin de las prórrogas de las jubilaciones a partir de los 65 años durante la crisis supusieron un mazazo para las plantillas. Eran muy demandadas por los médicos y, aunque ahora ya han vuelto a concederse casi de forma sistemática, supusieron para el Sergas la pérdida de masa crítica. «Ha sido un palo fuerte en algunos servicios, porque, aunque no todos los profesionales con 65 años están, digamos, en condiciones óptimas, sí que en muchos casos se pierde un importante conocimiento», dice Marcos.

Experiencia incluso de gestión

Esta experiencia que aportan los mayores es otra de las cualidades que recuerda José Domingo Pedreira, quien fue jefe del servicio de medicina interna del Chuac y responsable de la unidad de sida. «Yo creo que una de nuestras principales aportaciones es contribuir a investigar en temas proactivos, por ejemplo en la prevención de la infección por VIH, pero también aportamos por la experiencia que tenemos; es cierto que ya no tienes una labor directiva, pero en mi caso fui director de un servicio 35 años, con lo que tu opinión puede ser útil».

En todos estos casos, las líneas de investigación de estos facultativos tienen una traslación directa al bienestar de la población y en la asistencia. En el caso de Pedreira, por ejemplo, su objetivo es estudiar por qué desde hace unos años el número de infecciones por VIH no baja, conocer los motivos y tratar de poner en marcha medidas de prevención para reducir las cifras en el área de A Coruña.

Cuando se creó la figura, su duración podía alcanzar 7 años, pero el Sergas la redujo a dos

Fernando Diz-Lois y Ovidio Fernández, el primero del complejo hospitalario de A Coruña y el segundo de Ourense, inauguraron la figura del médico emérito en el Sergas en el 2010. En un principio, cuando se publicó la orden y aunque el nombramiento es vitalicio, los profesionales podían seguir manteniendo una vinculación con la sanidad pública un máximo de 7 años, siempre que no sobrepasasen los 72.

En el 2014, en plena crisis, esta posibilidad se redujo a solo dos, un período que se mantiene en la actualidad. Coincidió además con la negativa a prorrogar jubilaciones, con lo que en la práctica esta figura se limitaba a profesionales de entre 65 y 67 años.

La filosofía del emérito es reconocer el prestigio y la importancia que han tenido determinados médicos en el sistema, y facilitarles una relación activa con su institución sanitaria.

Hasta 700 horas al año

Tienen una vinculación contractual diferente, por lo que en su proyecto deben planificar el número de horas dedicadas a sus actividades, con un máximo de 700 a lo largo del año. «No tienes un horario en el sentido de formar parte del organigrama, pero tus compañeros saben que pueden contar contigo para, como es mi caso, mandar a los pacientes que ellos consideran que puedo evaluar; en una semana pueden haberte mandado dos o tres, y en otra ninguno», explica Boquete. Una figura para aportar calma y experiencia a un modelo al que las prisas de la sociedad actual no le son ajenas.

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