Carmen y Paco, los dos niños de Corme que murieron en Guernica

Los Mantiñán tenían 9 y 7 años. Una de sus hermanas recuerda hoy la tragedia por la que pasó la familia

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Carballo / La Voz 18/05/2017 08:19 h

El bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil española, del que acaba de conmemorarse el 80.º aniversario, también segó las vidas de dos niños de Corme, Carmen, de 9 años, y Francisco, de 7. Habían nacido en la localidad gallega y, como tantos paisanos, sus familias emigraron al País Vasco, donde se asentaron preferentemente en Trintxerpe, uno de los distritos de Pasajes, municipio situado al lado de San Sebastián.

Los dos niños sucumbieron a las bombas en una casa de monjas, que ese fatídico día los cuidaban mientras su madre había salido a buscar al padre, al que hacía tiempo que no veía. Fue una crueldad del destino (una de tantas en unos años durísimos): vivían temporalmente en un piso con su madre y su otro hermano, y de haber elegido otra jornada para dejarlos probablemente se habrían salvado, aunque eso ya entra en el terreno de la especulación. Al marcharse les dijo que volvería al día siguiente a por ellos. También coincidió haber elegido esa casa para guarecerse porque no querían ir al refugio: no les gustaba.

Recuerda todas aquellas vivencias desde el País Vasco Carmen Mantiñán González, una de sus hermanas. Carmen, sí (en realidad, María Carmen), igual que la niña fallecida. De hecho, su madre la llamaba los primeros años Segundita, con la infundada esperanza de que los dos pequeños pudieran aparecer en algún momento. Sabía que no, pero el hecho de no haber podido acudir aquel día a retirar los restos o al entierro, e incluso haber tardado mucho en desplazarse a Guernica, la mantenía con esa especie de convicción.

Pero no hubo ni hay ninguna duda. Y no murieron solo ellos, sino otros niños que ese día estaban en el mismo edificio, que como todos hubo que reconstruir, aunque en la actualidad sigue siendo una residencia ligada a una orden religiosa. Las únicas dudas que quedan son sobre el número total de muertos en la ciudad después de que la aviación alemana la arrasara y de los ocho días que estuvo ardiendo, pero eso ya es terreno de los historiadores, en uno de los capítulos más atroces, con dimensión internacional y simbólica, de tantos que hubo en la guerra.

Guernica ha dado para muchos libros, pero la vida de la familia de Carmen también daría para ello. Muchos de estos y otros hechos ya aparecen recogidos en el libro Corme. Historia de su mar, sus gentes y sus barcos, de José Ramón Varela Cousillas, cormelán residente en Guipúzcoa que conoce bien la historia de sus paisanos en la zona norte del País Vasco. De un modo más amplio, también se reflejan en Pasaia 1931-1939. La memoria de los vencidos, escrito por Xabier Portugal, exalcalde durante ocho años de Pasajes, fallecido en el 2008, a los pocos meses de su presentación.

Las otras páginas se escriben en la memoria de los hijos y los supervivientes de una época ya lejana. Aquel 26 de abril del 37 murieron los dos hermanos, pero pudieron ser tres. El más pequeño, Ángel, se libró porque su madre, al dejar a los otros dos, quiso llevárselo con ella, pese a que una de las monjas lo cogía del brazo para que también se quedara a resguardo. Pero su madre no quiso. Tal vez porque aún estaba muy reciente otra desgracia: nueve meses antes le había muerto otro hijo, el mayor, Inocencio, también por culpa de la guerra. Llevarlo con ella le salvó la vida. Aún se acuerda de algo de aquello, pero no habla sobre eso, explica Carmen.

Muchas dificultades

El cúmulo de calamidades no se acaba aquí. El padre estaba en el Batallón Republicano, en Erandio. Llevaba meses sin poder ir a ver a la familia, de ahí la visita de la madre. En medio, un panorama social terrible que obligó a muchos vecinos, emigrantes de Corme, a exiliarse en Bélgica. Otros, como su padre, se marcharon a Bilbao. Y, finalmente, tras el bombardeo, la familia se reunió y se fue a Francia. A Rochefort: ahí nació Carmen en 1938. Después, la madre se fue a Burdeos, y los dos hijos separados, él en un orfanato, y ella, bebé, en una casa cuna. El padre se marchó a Rusia, con otros dos de Corme. Un panorama desolador que, sin embargo, acabó bien porque todos pudieron volver a unirse y, ya en el 40, volver a Trintxerpe. Fue ahí donde nació la sexta hermana, Teresa. Los tres viven y mantienen la memoria de lo sucedido. El País Vasco es su tierra, pero sin olvidar nunca Corme. Cuenta Carmen que tanto su padre como su madre eran cormeláns, pero también lo es su marido, al que conoció en Galicia. Posiblemente haya más nativos de Corme en esa zona vasca que en las dos parroquias de la Costa da Morte que llevan ese nombre juntas.

Hace unos días, la familia acudió al acto de conmemoración del 80.º aniversario del bombardeo, como antes al 75.º y muchas otras veces a ver el panteón. Los padres tardaron mucho tiempo en hacerlo. No podían soportar recordar aquel dolor.

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