¿Moción de censura de Pedro Sánchez?

En caso de ganar las primarias, el ex secretario general podría convertirse en jefe del Gobierno sin pasar por las urnas

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Madrid / La Voz 15/05/2017 15:34 h

Entre los partidarios de Susana Díaz, que son la inmensa mayoría de los dirigentes nacionales del PSOE, la sensación ha pasado de la gran preocupación por las consecuencias de las primarias, a algo muy cercano al pánico. Hasta hace poco, sus análisis se limitaban a admitir lo enormemente difícil que le resultaría a la presidenta andaluza devolver la unidad a un partido en el que una buena parte de la militancia seguiría fiel a Pedro Sánchez. Pero a seis días de la votación, los análisis se centran ahora en la catástrofe que, a su juicio, supondría una victoria de Pedro Sánchez que ya todos consideran más que posible.

La alarma es total, especialmente después de conocer los últimos sondeos, algunos de los cuales no se han hecho públicos. Y muchos presidentes regionales se preparan ya para afrontar el hecho de que pueden acabar gobernando enfrentados al líder de su partido, al que han descalificado reiteradamente en público, y gracias al apoyo de una fuerza como Podemos, que presenta una moción de censura cuyo único objetivo es hacer daño al PSOE. Surrealismo puro, que demuestra que, más allá de los graves errores cometidos por Sánchez, sus críticos se han embarcado en una aventura peligrosísima sin medir las posibles consecuencias que podría acarrear. La escisión del partido, que nadie consideraba posible hasta hace muy poco, es algo que nadie descarta. Y, gane quien gane, tendrá que hilar muy fino, cosa que hasta ahora nadie ha hecho, para evitarla

Podemos, mientras tanto, se relame viendo cómo los socialistas han acabado haciéndose ellos mismos más daño del que les ha causado el partido morado con su estrategia de desgaste. La ambigüedad que está demostrando Sánchez en torno a la moción de censura alentada por Pablo Iglesias hace que ya ni siquiera se descarte la bomba nuclear que supondría que, en caso de que el ex secretario general venciera en las primarias, este propusiera a Podemos un acuerdo para presentar una moción de censura pero en la que el candidato para sustituir a Rajoy no fuera Iglesias, sino el propio Pedro Sánchez. Incluso con el voto en contra de PP y Ciudadanos, bastaría el apoyo del resto de partidos para convertir en presidente del Gobierno a Sánchez. Algo a lo que Iglesias tendría difícil negarse ya que, en caso de hacerlo, quedaría demostrado que su objetivo no era echar a Rajoy, sino dañar al PSOE. Una solución estrambótica, pero que permitiría al ex secretario general socialista alcanzar la presidencia del Gobierno sin pasar de nuevo por las urnas, y por tanto sin el riesgo de quedarse aún con menos diputados de los que el PSOE tiene actualmente en caso de que los votantes que son partidarios de Susana Díaz no le dieran su apoyo en las urnas. Esa es, por otra parte, la única posibilidad que tendría Pedro Sánchez de regresar al Congreso y retomar el control total del Grupo Parlamentario.

Que semejante loca hipótesis, que podría crear un cisma en el PSOE, no se descarte, da una idea de cómo están ahora mismo los ánimos en el partido. Aunque en el debate de hoy y en lo que queda de campaña Díaz se va a lanzar al cuello de su oponente, ya nadie duda de que, gane quien gane, el futuro pinta mal.

¿Va a romper el PSOE su pacto con Nueva Canarias?

Sea quien sea el que gane, al nuevo líder del PSOE le espera, además de la moción de censura, otra patata caliente: la de la votación de los Presupuestos. No hay problema en el sentido del voto. El PSOE votará no. El problema es qué hacer si, como parece probable, los Presupuestos se aprueban con el voto a favor del diputado Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, partido con el que el PSOE mantiene un pacto. Lo lógico sería que los socialistas rompieran de inmediato cualquier tipo de vínculo con Nueva Canarias. Lo contario demostraría que el PSOE está utilizando a Quevedo para facilitar la aprobación de los Presupuestos de Rajoy y evitar así unas nuevas elecciones, pero sin dar la cara.

De la Serna quiere cerrar la vía del traspaso de la AP-9

Si al portavoz del Gobierno le faltó prudencia a la hora de abordar un drama como el parricidio de Oza-Cesuras, tampoco el titular de Fomento, Íñigo de la Serna, estuvo especialmente conciliador a la hora de responder a la proposición de ley aprobada por unanimidad en el Parlamento gallego para solicitar el traspaso de la autopista AP-9. Podría haber esperado a escuchar en el Congreso los argumentos de los parlamentarios gallegos. Pero prefirió tratar de cerrar la puerta a que el PP nacional se acabe sumando a la petición de ese traspaso, afirmando que el Gobierno se opone a ello y se opondrá. Un asunto peliagudo cuando el PP no tiene mayoría en el Congreso para tumbar la propuesta.

A Méndez de Vigo le faltó su habitual sensibilidad

Íñigo Méndez de Vigo es una político de formas exquisitas y probada prudencia a la hora de abordar cualquier problema. El portavoz del Gobierno no tuvo sin embargo su mejor día el pasado viernes cuando La Voz le preguntó tras el Consejo de Ministros por las posibles reformas en el régimen de visitas para padres maltratadores a raíz de la tragedia ocurrida en Galicia. Es obvio que la ley no se puede cambiar de un día para otro y que es necesario el consenso, pero al ministro de Educación le faltó quizás algo de su demostrada sensibilidad ante una cuestión tan delicada. No era necesario que dijera, por ejemplo, que «los cambios legislativos nunca son buenos ante una noticia como esta».

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