Pontevedra, la ciudad que ha conseguido domesticar el tráfico

En los últimos años se ha ido conquistando para los peatones el espacio que antes ocupaban los coches

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Pontevedra / La voz 01/03/2017 05:00 h

En muchos lugares de Europa se conoce a Pontevedra como «la ciudad sin coches». Como tal ha aparecido en los últimos años en revistas especializadas en movilidad, así como en documentales, reportajes e informativos de televisión de Francia, Italia, Bélgica o Alemania. Incluso desde Corea del Sur o México han llegado equipos de reporteros para conocer el modelo.

No es cierto que Pontevedra haya eliminado los coches -las más de doce mil multas, la inmensa mayoría por estacionamientos irregulares, que puso la Policía Local el año pasado así lo atestiguan-, pero sí es obvio que la ciudad del Lérez ha logrado «domesticar» el tráfico a través de dos grandes medidas: reconquistando para los peatones espacios antes ocupados por los vehículos y calmando la velocidad al convertirse en la primera ciudad de España, y una de las primeras de Europa, en decretar zona 30 todo el ámbito urbano. Este tipo de decisiones han sido reconocidas con premios en medio mundo y han convertido Pontevedra en una referencia.

Todo empezó por el centro histórico. Fue apenas un mes después de la llegada de Miguel Anxo Fernández Lores (BNG) a la alcaldía. El 1 de agosto de 1999 se prohibió el aparcamiento en todo el centro histórico, y plazas que antes eran bolsas de estacionamiento quedaron expeditas para los peatones (y las terrazas). Del casco histórico se pasó a la transformación de gran parte del centro urbano, ganando zonas peatonalizadas en detrimento de los coches, un avance que hoy todavía continúa con nuevos proyectos de reforma. La diferencia es que, si a principios de la década pasada los comerciantes ponían el grito en el cielo, ahora es este mismo sector el que demanda más peatonalización.

Uno de los grandes caballos de batalla en la domesticación del tráfico en Pontevedra es el aparcamiento. «Ser propietario dun coche non che outorga o dereito a aparcar onde queiras», suele afirmar Lores. La ciudad (65.000 habitantes en el casco urbano, 84.000 en todo el municipio) cuenta con una red de aparcamientos gratuitos en el extrarradio. Pero en Pontevedra hablar de extrarradio es hablar de apenas 15 minutos caminando hasta el centro. Hay nueve de esos estacionamientos disuasorios que suman más de 1.600 plazas de aparcamiento libre.

Aparcamientos de 15 minutos

En el centro se ha impuesto el aparcamiento de servicios, en contraposición a la zona azul que predomina en otras ciudades. En Pontevedra, son plazas en toda la ciudad donde se puede estacionar un máximo de 15 minutos. Sin coste. Hay alrededor de mil plazas de este tipo en el centro urbano y Lores aspira a duplicarlas en este mandato. El gobierno local echa sus cálculos: cada plaza de servicios puede ser ocupada por cuatro coches en una hora, diez horas al día; si hay mil plazas, y aunque fuera la mitad del uso (dos coches por hora), puede haber una rotación de veinte mil vehículos diarios. Algo impensable si se trata de estacionamiento libre, «onde a xente chega ás sete da mañá e non move o coche en todo o día», insiste el alcalde.

Otro aspecto de la reconquista de espacios es la ampliación de las aceras en todo el casco urbano, lo que ha permitido limitar muchas de las calles a un único carril. Con ello se ha paliado uno de los grandes males de las ciudades actuales: la doble fila.

En cuanto a calmar el tráfico, la zona 30 en todo el ámbito urbano deja datos incontestables. De seguridad, pues van ya varios años sin un solo fallecido por atropello o accidente en las zonas tratadas, a lo que acompaña una reducción drástica de los heridos graves. Y ambiental, pues se estima que las emisiones de gases se han reducido en un 60 %. Y, contrariamente a lo que se pudiera pensar, de esas doce mil multas impuestas durante el año pasado por los agentes de la Policía Local prácticamente ninguna fue por exceso de velocidad.

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