¿Vespertinas, brillantinas, comunistas, estatinas, ghalopinas...? No, velutinas

El 112 ha recopilado hasta 43 nombres distintos con los que quienes llaman a este servicio se refieren a la avispa asiática

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redacción / la voz 03/01/2017 05:00 h

Hoy dan auténticos quebraderos de cabeza a muchos apicultores y amantes del campo, pero hasta no hace mucho las avispas velutinas eran unas auténticas desconocidas en Galicia, así que no es extraño que muchos se equivoquen a la hora de referirse a esta especie invasora o que, directamente, tiren de retranca para hablar de ella. Así que si la lluvia, por méritos propios, tiene un centenar de nombres distintos en Galicia, la velutina, con muchos menos merecimientos, atesora ya 43. El 112, servicio que centraliza las llamadas a emergencias de la comunidad, ha registrado, efectivamente, hasta 43 denominaciones distintas que las personas que han llamado para alertar de la presencia de nidos de la también conocida como avispa asiática han utilizado para referirse a este insecto, detectado por primera vez en la comunidad gallega en el 2012.

La velutina llegó desde Asia, de donde son también los beduinos, así que tiene cierto sentido que alguien haya llamado al 112 asegurando haber visto beduinas. Más ajustado a su origen estuvo quien las llamó chinas, y un poco más desencaminados iban quienes se refirieron a ellas como siberianas o soviéticas. Quizás pensando en este último origen, o quizás por su vida comunitaria, otro comunicante llamó a estas avispas comunistas.

Pero el origen del himenóptero da para mucho. Que viene de lejos está muy claro, pero acordarse del lugar exacto es otra cuestión. Para algunos son colombianas, para otros africanas. Y sin dejar África, y como no se puede negar que las velutinas son bastante granujas, hubo quien optó por llamarle galopinas africanas, una nomenclatura que merece la pena tener en cuenta, porque otra persona utilizó la muy similar, aunque sin duda más enxebre, ghalopinas africanisadas. Y otro comunicante, sin duda muy contrariado al encontrarse con esta invasora indeseada, se refirió a ella como «niño de raza loba». Claro que para qué complicarse tanto. Si la velutina vino de fuera, llamémosle sencillamente estranxeira. Porque, que se sepa, estas avispas tampoco llegaron desde tan lejos que se las pueda considerar, como hizo el autor de otra de las llamadas de alerta, alienígenas.

La picadura de la velutina es dolorosa, a veces tanto como un buen dolor de espalda, y quizás por ello alguien las llamó ciáticas. Sin dejar el área médica, los trabajadores del 112 tuvieron que adivinar que quien les avisaba de que había visto estatinas no se refería a pastillas para mantener a raya el colesterol, sino a la depredadora de abejas, y que quien les hablaba de ventolina no se refería a un inhalador para tratar problemas respiratorios, sino, una vez más, a la velutina.

Este no es un nombre difícil una vez que se repite varias veces, pero mientras eso no sucede no es raro que a uno se le vaya el santo al cielo y acabe llamando a la avispa, como ya hicieron algunos de los comunicantes del 112, vespertina, vecutina, volotinia, vetolímica, vetuleira, vetupina, velutínica, velutiana, vetupina, velunias, velentina, velutinta, vetolina, bellotinta o valvulina.

Aunque son más oscuras que la avispa autóctona, hay quien les llamó brillantinas, y quien se refirió a ellas como porpurinas. Otra persona que se topó con estas voladoras decidió bautizarlas como elviras. Y como fama, aunque sea de la mala, es cierto que están cogiendo, y mucha, hay quien ha decidido llamarlas avispas de famosos.

Más de 19.000 avisos atendidos a lo largo del año pasado y 8.496 nidos retirados

Aunque se trata de una especie foránea, la avispa asiática parece adaptarse a la perfección al hábitat de Galicia. Si en el 2012, año en el que se detectó por primera vez, su presencia se reducía a unos pocos nidos en A Mariña y en el Baixo Miño, hoy ha colonizado prácticamente la totalidad de las provincias de Pontevedra y A Coruña, al menos la mitad de la de Lugo y está cada vez más presente en la de Ourense, donde se está introduciendo siguiendo el curso de los ríos.

Idea de esa vertiginosa expansión da el número de nidos retirados o inactivados, que en el 2014 fueron 941, en el 2015 fueron 5.045, y en el último recuento de este 2016, realizado a falta de dos semanas para la conclusión del año, eran ya 8.496, un 68,4 % más que el año anterior. Estos nidos se retiraron después de que los servicios de emergencias hubiesen atendido 19.246 avisos.

En principio, la picadura de velutina no reviste mayor gravedad que la de la avispa común, pero puede ser peligrosa para personas alérgicas o en caso de picaduras múltiples. Fuera de estas incidencias, el mayor problema que genera esta especie es su efecto sobre las colonias de abejas, a las que mata para alimentar a sus larvas.

Con el fin de frenar su expansión, la Xunta puso en marcha en el 2014 el plan de vigilancia y control, que además de la retirada de los nidos de esta avispa, lleva a cabo actividades de formación del personal, información e investigación. En este último aspecto, la Consellería do Medio Rural anunciaba hace unos días, al tiempo que hacía balance del 2016, que se reforzarán los contactos con la comunidad científica y con las universidades gallegas para mejorar el conocimiento sobre la especie, revisar los métodos de control y evaluar los procedimientos de captura.

«El nombre de asesina asusta mucho»

La de A Mariña fue la primera comarca a la que llegó la velutina. Entonces «nadie hablaba de velutina, era asesina», recuerda Mario Antuña, jefe de Protección Civil en Cervo. Cuatro años después de aquellas primeras apariciones, «ya bajó mucho la alarma social», pero en aquel primer momento la presencia de este insecto generaba mucha inquietud y «la gente quería que retirases los nidos a toda costa, incluso aunque les dijeses que estaban inactivos». Entre los motivos, su nombre: «El nombre de avispa asesina asusta mucho, pero se lo pusieron los apicultores porque mataba a las abejas».

Tras estos años de lucha contra la velutina, Antuña y sus compañeros han acumulado experiencia y también anécdotas, como la de una señora a la que le entró en casa una avispa, solo una, y «atrancó todo y no quería volver a casa», o una chica que iba a celebrar el cumpleaños en un patio y no quería hacerlo porque había un nido a 80 metros.

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