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Chequeo al tramo conflictivo del atropello de A Guarda: carril bici o carrera de obstáculos

Dos ciclistas que suelen entrenar en la vía en la que se produjo el accidente describen los riesgos

vigo / la voz, 15 de marzo de 2016. Actualizado a las 15:20 h. 13

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Son las cuatro de la tarde. El triatleta Gustavo Rodríguez y el ciclista Jacobo Ucha suben a sus bicicletas en el párking de uno de los restaurantes que bordean la

PO-552, la carretera que une Baiona con A Guarda. Fue ahí, en el kilómetro 43,5, donde el ciclismo gallego recibió el pasado sábado una nueva bofetada. La vía es peligrosa. No es nada nuevo. Por eso, estos dos expertos rodarán despacio para mostrar los peligros de un carril bici que se ha convertido en una trampa. Coches que salen de repente de un garaje, peatones paseando, tramos de grava y tierra, curvas para sortear un área saludable, un bordillo de hormigón que escupe al que lo toca hacia el asfalto... La vía, más que carril bici, es una gran yincana.

Gustavo y Jacobo empiezan a pedalear en el kilómetro 19. El carril, de doble sentido, mide poco más de metro y medio de ancho. La Xunta estudió en su día un proyecto para ampliarlo, pero la expropiación de terrenos que tenían que acometer enardeció a los vecinos y sus protestas convirtieron la idea en papel mojado. Las consecuencias van surgiendo a medida que se avanza junto a los ciclistas. Ruedan con cautela. La primera persona con la que se cruzan es una mujer que aprovecha el calor de la tarde. «El carril no solo es para los ciclistas, también lo usan los peatones. No puedes rodar por él cuando estás entrenando o cuando vas en grupeta. A veces hasta encuentras coches aparcados ahí. Y, normalmente, cuando vas a cuarenta o cincuenta kilómetros por hora es peligroso toparte de repente con un obstáculo», explica Gustavo.

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Bebés en la ruta. Una familia con un carrito de bebé y un niño con patinete pasean por el carril bici a la altura de Mougás. Los peatones deberían usar el arcén, pero en ese tramo no existe en el lado contrario. Ellos mismos lo dicen y comprenden que son un obstáculo para los ciclistas. Hay comprensión por ambas partes.

Solo unos kilómetros más adelante, entre el 22 y el 23, en As Mariñas (Santa María de Oia), aparece el segundo escollo: Un hombre y su perro descansan sentados junto a la vía. Y menos de cien metros más arriba surge el tercero. Son las puertas de entrada a los garajes de varias viviendas.

No hay donde parar. Ni un hueco en el que dejar el coche. «Los domingos esto está lleno de gente y puede salir un coche en cualquier momento. Hay que estar muy atento porque hay niños, gente paseando... El carril vale para quien sale en bicicleta a pasear o para los que empiezan, pero no para los que entrenamos», coinciden Gustavo y Jacobo.

Un bordillo mortal

Lo peor es el bordillo de hormigón que separa el carril de la carretera. Los ciclistas llevan años reclamando su retirada. «No puedes acercarte a él y está quitando al arcén el ancho que ocupa más otro pedazo que has de dejar de separación porque no puedes aproximarte porque puedes caer al tocarlo. Cuando lo tocas te lanza hacia el asfalto», comenta Jacobo.

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Trazado peligroso. Las curvas son otro de los grandes obstáculos con los que se encuentran los que usan el carril bici. Estos dos corredores no se explican cómo han podido construir un parque saludable y un jardín entre la vía por la que han de circular y la carretera. Trazar la curva les obliga a inclinarse en exceso.

El extraño trazado no solo les sorprende a ellos. También a los vecinos de pueblos como Mougás o a los de Santa María de Oia. Ahí los ciclistas se cruzan con una familia que pasea con un bebé en un carrito. «Non hai arcén -comentan-. Temos que pasear por aquí e, claro, a eles non lles queda outra que ir pola carretera».

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