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Cal viva sobre el cambio en Galicia

La ruptura de los puentes de diálogo entre Podemos y el PSOE complica una posible alianza gallega

santiago / la voz, 06 de marzo de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 18

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Uno: «No pretendan engañarnos una vez más». Dos: «No son de fiar». Tres: «Es la primera entrega de un plan de las oligarquías que odian el cambio». Cuatro: «Su partido fue el del enriquecimiento rápido». Cinco: «Su partido fue el del tráfico de influencias». Seis: «Le dieron la espalda a los trabajadores». Siete: «Su partido fue el del crimen de Estado». Ocho: «Desconfíe de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva». Nueve: «Le prohibieron gobernar con nosotros; lo dijo Felipe González, que tiene el pasado manchado de cal viva». Diez: «Nos han sorprendido las formas de hooligan que tienen muchos de su grupo»...

La lista podría continuar. Pero se trata de reflejar solo los principales latigazos verbales con los que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, castigó al PSOE y a Pedro Sánchez en la sesión de investidura del Congreso, dinamitando así cualquier posibilidad inmediata de construir una alternativa de gobierno de izquierdas para desbancar a Rajoy, lo que a su vez dificulta también que pueda haber un cambio en la Xunta dentro de unos meses.

El por ahora fallido aspirante a la Moncloa era en realidad el destinatario de la furia de Iglesias, pero lo desmedida de sus palabras provocó que buena parte de los dirigentes y militantes socialistas se sintieran heridos. «Para moitos xa quedou claro, con Podemos non temos nada que facer», valoró un dirigente provincial del PSdeG.

A algunos socialistas ya les costaba digerir que el líder de Podemos saludara a Otegi como un preso político y un demócrata tras su salida de prisión, cuando en realidad lo veían como el brazo político de aquellos que segaron la vida de Fernando Múgica, Tomás y Valiente, Fernando Buesa o Isaías Carrasco. «¡Gritad, porque si gritáis, no matáis!», llegó abroncar el socialista Ernest Lluch a los amigos de Otegi que le reventaron un acto en San Sebastián un año antes de que ETA le pegara dos tiros en la nuca en el garaje de su casa. Y sabido es que Lluch, arquitecto de la sanidad pública universal, sería lo más parecido que hay en el PSOE a un santo.

Autodeterminación

También le chirriaba a los socialistas la defensa que hace Podemos del referendo de autodeterminación de Cataluña, completado con la aceptación del «derecho a decidir en aquellas naciones que lo hayan planteado con especial intensidad», como recoge el documento entregado al PSOE para formar gobierno. Pero había cierta disposición a manejar la situación, hasta que la sesión de investidura y la apelación a la cal viva dinamitó todos los puentes de diálogo.

«En su soberbia, juez universal, la alusión a la cal viva y a Felipe es simplemente intolerable», escribió en Twitter el diputado pontevedrés Guillermo Meijón. Y añadió por el mismo canal el senador Modesto Pose: «Parece que ganaron Rajoy e Iglesias. Pues hala, a seguir gobernando juntos en los platós de TV».

La tensión también se ha trasladado de Madrid a Galicia, donde toca celebrar elecciones autonómicas en siete meses, siempre que no se adelanten. Que el alcalde de Santiago, Martiño Noriega, opinara hace unos días que lo ocurrido en el Congreso «non debería influír» en los gobiernos locales de los socios de En Marea, como A Coruña y Ferrol, aparte del suyo, lo único que hace es poner el foco allí donde se puede desatar la inestabilidad.

De momento, el diálogo entre el PSdeG y el apéndice gallego de Podemos quedó dinamitado. El líder socialista, Gómez Besteiro, empezó a cargar ya contra las tentaciones soberanistas de En Marea: «Coa autodeterminación nin estamos nin estaremos». Un recato que compromete el cambio político en Galicia, que solo sería posible con el acuerdo de los ahora enemistados.

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