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El pueblo que no quería ver pasar a los peregrinos

Vecinos de dos parroquias se resisten a ser incluidos en el nuevo trazado de la Ruta Xacobea

Portomarín / Redacción, 15 de febrero de 2016. Actualizado a las 09:15 h. 21

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El milenario paso de peregrinos ha moldeado no solo la Ruta Xacobea sino muchas de las poblaciones por las que atraviesa, estimulando su economía y provocando manifestaciones artísticas que han sobrevivido hasta nuestros días y han marcado para siempre la personalidad de esas poblaciones. Sin embargo, no todo el mundo gusta del Camino y, si no, que se lo pregunten a los vecinos de San Roque. O a los de Gonzar, ambos en el concello de Portomarín y que, hasta la fecha, veían el discurrir de los peregrinos más bien de lejos.

«E como me vai interesar? Mire para alí. Ou pasa o tractor ou pasa o peregrino. Os dous non caben», explica Jaime Lamela, un ganadero de 52 años que no se anda con zarandajas a la hora de criticar el nuevo trazado. Esta señalando una cuesta que atraviesa el pueblo con una de esas angosturas que caracterizan tantas aldeas gallegas. En realidad ya parece un milagro que por allí pueda pasar el camión que recoge la leche. El margen con los muros es de centímetros. «Agora pasan dous ou tres peregrinos ao día, pero cando chegue a temporada serán miles. É imposible», señala el ganadero.

San Roque está en el centro del trazado recuperado por la Xunta, el histórico y el que, si no se producen cambios, probablemente será elegido por la gran mayoría de peregrinos que salgan de Portomarín en dirección a Palas. «Din que é o histórico pero eu non me lembro de ver pasar ningún peregrino na miña vida por aquí», afirma el ganadero, que expone más razones para rechazar el «favor» que les ha hecho Patrimonio colocándoles en medio de la Ruta Xacobea: «Os do leite xa nos dixeron que se a pista se enche de peregrinos, non van vir a recoller, porque non se pode pasar. E a nós non nos van pagar máis o leite por estar no Camiño de Santiago. E, ademáis, as vacas teñen que circular por aquí, e poden pisar a calquera deles e logo virán as denuncias. Por non falar de como se pon a pista, porque nos o que non imos facer é poñerlles pañales ás vacas».

«O Camiño, por donde estaba, non molestaba a ninguén -apoya otro vecino-. Os peregrinos iban pola sombra e non por aquí, que en verano hai máis de corenta grados. E subindo». Con estos argumentos se tendrá que enfrentar en breve el gerente del Xacobeo para ver cómo estimular que los peregrinos mantengan la costumbre de usar el itinerario que evita el pueblo de San Roque y, de paso, evitar las miradas poco amistosas de los vecinos: «E que ademáis non se apartan porque eu xa o teño comprobado cando vou co coche», dice otro vecino.

También en Gonzar

En San Roque, claro, no hay ningún establecimiento de hostelería que se pueda lucrar de miles de personas sudando y deseando un refresco al pasar por la puerta de su casa. Pero en Gonzar sí. En esta parroquia, que se encuentra ya en el límite municipal en dirección a Compostela, hay albergue, pensión y restaurante. Allí, la opinión mayoritaria es que no hacía ninguna falta haber desviado la Ruta Xacobea para que les llenara el pueblo de peregrinos: «Aquí hay ganado, tractores que van por el medio del pueblo, animales sueltos que serán un problema para los peregrinos», opina un señor de 75 años que responde al nombre de Gumersindo y que lo tiene claro: «El Camino siempre fue por donde está la carretera. Por aquí nunca».

-Pero ¿ahora pasan peregrinos por aquí?

-Claro que pasan. Al poner la flecha vienen por aquí.

La flecha a la que se refiere el señor Gumersindo es una indicación doble que se halla en una carballeira cercana y que deja la opción a los peregrinos de escoger el camino de siempre, paralelo a la carretera LU-633 o desviarse hacia el interior de la parroquia y atravesar todo el pueblo, pasando por delante de los establecimientos de hostelería. El nuevo mojón que abre la posibilidad de pasar por el pueblo apareció recientemente arrancado y lanzado a una leira cercana. Pero ya ha sido repuesto.

«A mí el cambio me parece absurdo -afirma Segundo, un señor de Lugo que se está arreglando una casa en Gonzar-, pero la verdad es que me da igual. Lo que puedo decirle es que a la senda que va paralela a la carretera siempre le llamaron A corga dos franceses. Por algo sería». Probablemente a los dos establecimientos que dan albergue a los peregrinos, la apertura de la nueva ruta les parece más interesante que al resto de los vecinos del pueblo.

Tanto en San Roque como en Gonzar, el problema está latente aunque dormido hasta la próxia explosión de peregrinos en dos sitios donde no los quieren.

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