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En Marea y el grupo propio que no podía ser

En Marea asumió la reivindicación del grupo gallego autónomo para achicarle el terreno político al BNG

Santiago / La Voz, 14 de enero de 2016. Actualizado a las 08:39 h. 12

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«Dende Podemos non van poñer ningún obstáculo para conformar un grupo parlamentario propio; o obstáculo pode ser o regulamento do Congreso». Esta es la advertencia que lanzaba el pasado mes de septiembre la coordinadora general de Esquerda Unida, Yolanda Díaz, sobre las dificultades con las que podría toparse En Marea para conservar su propia personalidad jurídica en las Cortes, aún cumpliendo casi todos los requisitos que se exigen para la constitución de los grupos parlamentarios.

En la cúpula de las formaciones que constituyeron la coalición En Marea (Podemos, Esquerda Unida y Anova) había unas cuantas personas que eran plenamente conscientes de que el «grupo parlamentario galego» no tendría posibilidad alguna de formarse. Otra cosa es que hubiera que asumir tal reivindicación para no perder terreno ante al BNG, que dirigió toda su retórica a apostar por un grupo gallego sin ataduras con Madrid, también como fórmula para distinguirse de En Marea.

El caso es que cuando Pablo Iglesias visitó Galicia en julio para impulsar la marea le dio alas a la posibilidad de crear un grupo gallego con otras fuerzas, pero a la vez trazó una línea roja que, en la práctica, lo haría imposible, al exigir que el nombre de Podemos figurara en las papeletas de En Marea junto al de las demás fuerzas, como así ocurrió.

Cuando se estableció esta línea, en Podemos, EU y Anova ya se habían leído al dedillo el artículo 23 del reglamento del Congreso, ese que dice que para conformar un grupo propio hay que tener al menos 5 escaños y el 15 % de los votos en las circunscripciones en las que se concurra -y hasta ahí todo correcto-, pero, además, no pueden constituir grupos separados diputados de un mismo partido (y la papeleta de En Marea dejaba claro que Podemos estaba presente) o que no se hubieran enfrentado entre sí en las elecciones, como de hecho ocurrió en Galicia, donde ni Podemos ni la Unidad Popular de Alberto Garzón se presentaron como tal para competir con En Marea.

Potencia mermada

Solo desde el desconocimiento del reglamento y de sus «obstáculos» se podría mantener la perspectiva de fracturar la representación de Podemos en cuatro grupos parlamentarios con personalidad jurídica propia que, para más inri, mermaría notablemente la potencia política del partido de Pablo Iglesias, no solo porque saldrían de su círculo los 27 diputados de Cataluña, Valencia y Galicia, sino porque vería reducida su capacidad de financiación, sus prerrogativas parlamentarias y sus tiempos de intervención en la tribuna.

Pero ni siquiera todas las dificultades legales impidieron que tanto En Marea, como la catalana En Comú-Podem o la valenciana Compromís-Podem mantuvieran ayer la reivindicación acerca de la conformación de sus propios grupos parlamentarios, algo sobre lo que Podemos mantuvo silencio, quizás por haber hecho los deberes con antelación.

La perspectiva de interponer recursos judiciales contra las reglas de juego y la interpretación que pueda dar la Mesa del Congreso se mantiene abierto, hasta el punto de que Xavier Doménech (En Comú-Podem) llegó a advertir que PP, PSOE y Ciudadanos podrían incurrir en «prevaricación» por negar su grupo. También Alexandra Fernández (En Marea) se rebeló contra la interpretación de la Mesa, que en su opinión «continúa con la agonía del régimen».

Fajardo, sobre la nueva baja de AGE: «Coma no fútbol, ás veces xógase mellor con dez»

El grupo parlamentario de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) asiste con resignación a la más que probable pérdida de un nuevo diputado de su grupo, debido a que Mónica Fernández, la ferrolana que ocupará el escaño que dejó vacante Yolanda Díaz por marcharse al Congreso, pertenece al partido Cerna que no forma parte de AGE, sino que está integrado en el Grupo Mixto. El diputado Juan Fajardo, preguntado ayer por este asunto, recurrió a un símil futbolístico: «Aquí pasa coma no fútbol -dijo-, ás veces tamén se xoga mellor con dez».

El diputado arousano de AGE hizo alusión de esta forma a la merma constante que sufrió su grupo parlamentario desde las autonómicas del 2012, cuando se alzó con 9 diputados. Primero fue Carmen Iglesias quien se marchó al Grupo Mixto al ser expulsada de EU, y después le siguió Consuelo Martínez, al escindirse de Anova. Ahora le toca a Mónica Fernández. Y AGE se queda con 6 diputados, por detrás del BNG.

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