redacción / la voz

Hace apenas quince años, los pasos de peatones elevados eran un elemento exótico en las calles españolas. Desde entonces su presencia ha ido aumentando hasta convertirse en un recurso habitual al que las Administraciones recurren para garantizar la seguridad vial, puesto que ayudan a ralentizar el tráfico y, por tanto, aumentan la seguridad de peatones y conductores. Sin embargo, su proliferación desordenada y sus medidas en ocasiones desproporcionadas obligaron al Ministerio de Fomento a elaborar una instrucción técnica con las normas para su instalación. Las directrices se aprobaron en el 2008 y daban un margen de dos años para adaptar los badenes ya colocados. Hace ya un lustro que ese bienio ha vencido, pero en Galicia quedan todavía decenas de lomos que superan la altura reglamentaria. Ocurre que, años después, todavía existen discrepancias sobre si esas normas solo afectan a las carreteras de la red estatal o si los ayuntamientos también deben acatarlas. Algunos han optado por hacerlo. Otros no.

Según esa directriz, los pasos elevados no podrán instalarse en los tramos de red que no tengan consideración de travesía, en los primeros 50 metros de estas o en aquellas que tengan menos de 200 metros. Tampoco en puentes o túneles, ni en pendientes superiores al 5 %. No deben elevarse los pasos peatonales en tramos con más de dos carriles de circulación salvo que exista una mediana que no pueda ser traspasada, ni en zonas con mucha intensidad de tráfico o por las que pasen muchos vehículos pesados.

La distancia entre dos de estos reductores de velocidad debe estar comprendida entre los 50 y los 200 metros, aunque se aconseja que no supere los 150. Y en cuanto a sus características, deben estar construidos con hormigón o materiales asfálticos o con caucho o materiales plásticos en el caso de los prefabricados.

Entre 6 y 10 centímetros

Pero si hay un aspecto problemático con respecto a los badenes es su altura. Cuando esta alcanza valores muy elevados se convierte en una molestia para los conductores, para los usuarios de autobuses y puede incluso ocasionar daños en los bajos de los vehículos. Esto no debería ocurrir si los pasos cumplen la normativa, según la cual los trapezoidales no pueden superar los 10 centímetros de altura, y las rampas de ascenso y de descenso deben tener una longitud de entre un metro y dos y medio. Mientras, los reductores convexos, también llamados lomos de asno, solo pueden tener seis centímetros de altura y una longitud de cuatro metros.

Muchos de los instalados en Galicia superan esa altura, y otros muchos han sido corregidos para rebajarla. En Pontevedra han protagonizado buena parte del debate municipal durante las últimas semanas. Los pasos elevados forman ya parte del paisaje urbano de la ciudad del Lérez, pero la intención del gobierno municipal de instalarlos en el entorno del Hospital Montecelo ha desatado la polémica, hasta el punto de que la oposición rechazó en pleno su instalación y el gobierno del BNG decidió someter el tema a la consideración de asambleas vecinales. Mientras, a pocos kilómetros de allí y sin salir del término de Pontevedra, en la parroquia de Lérez los vecinos proyectan movilizarse para conseguir pasos elevados que les permitan cruzar con garantías la N-550.

A Illa de Arousa fue uno de los primeros municipios en instalar estos pasos, en el año 2004, ante la sucesión de accidentes y atropellos, varios con resultado mortal, en la por entonces vía principal de entrada a la localidad una vez cruzado el puente. A los seis meses la Policía Local hizo balance: la siniestralidad había descendido un 70 %. Algunos años después, la sucesión de atropellos desencadenó la elevación de los pasos de cebra en algunas de las calles más céntricas de Vilagarcía.

En Lugo hubo protestas por la instalación de lomos de caucho en el paseo del río Rato. Su colocación se decidió porque los coches alcanzaban velocidad y cuando el suelo estaba mojado se producían algunas salidas de vía hacia el paseo peatonal, pero muchos conductores protestaron argumentando que los lomos de caucho dañan la amortiguación de los coches.

En la entrada de Vilalba por la carretera de Meira hay unos badenes muy elevados que generaron quejas en su momento y donde hace solo algunos días, durante la primera etapa de la Vuelta a Galicia, cayeron tres ciclistas. Dos fueron a parar al hospital.

En Santiago se han colocado algunos en las últimas reurbanizaciones de calles, pero no generan problemas graves porque su altura es moderada. Sin embargo, hace unos meses fue necesario retirar algunos en la zona de Salgueiriños, puesto que provocaban dificultades para el paso del bus urbano.

En Ferrol, un badén en la calle Ramón y Cajal llevó al Concello al juzgado hace algunos años tras la muerte de un motorista, pues la familia del fallecido denunció el excesivo realce del paso peatonal. Los concejales acusados fueron absueltos, pero la sentencia advertía de la excesiva altura del paso, que superaba los veinte centímetros. Tras el accidente se rebajó un poco, pero sigue generando quejas.

En la comarca de Barbanza, los pasos sobreelevados parecen haberse convertido en un elemento más en la batalla política. En Boiro, la instalación de estos elementos correctores de la velocidad generó a principios de esta década una gran contestación vecinal. Gobernaba un bipartito formado por BNG y PSOE, y el PP prometió que los suprimiría si gobernaba. Efectivamente, los populares llegaron a la alcaldía en el 2011, pero los pasos siguen allí. En Ribeira la implantación de este sistema también generó cierta polémica.

En Ourense varios concellos han tramitado solicitudes para instalar badenes en puntos conflictivos, pero no siempre se han admitido estas peticiones, porque aunque muchas carreteras atraviesan núcleos de población, no se permite la instalación de reductores de la velocidad si no hay un núcleo urbano denso. Existen algunos lomos en Celanova y en la propia ciudad de Ourense, pero no son un elemento generalizado en el paisaje urbano ourensano.

En Carballo, el Concello puso en marcha un plan de control de tráfico en el centro, donde más de veinte pasos elevados evitan los excesos de velocidad. En Betanzos se colocaron en la calle Rosalía de Castro, una zona de copas en la que los fines de semana se alcanzaban grandes velocidades. En Monforte hay badenes en cinco calles del casco urbano; en Lalín algunos superan en hasta 5 centímetros la altura recomendada, y en Silleda se rebajaron algunos lomos por su elevada altura.

Cojines berlineses

Los pasos elevados más habituales son los de hormigón o las bandas de caucho, pero en algunos lugares se están comenzando a instalar los llamados cojines berlineses. Se trata de elementos prefabricados, de forma cuadrangular o rectangular, que se adhieren a la calzada para obligar a los vehículos a reducir la marcha. La peculiaridad de este modelo es que no ocupa la totalidad de la vía, de tal manera que una bicicleta o un vehículo de emergencias pueden esquivarlos fácilmente sin verse obligados a reducir la velocidad y sin tener que sufrir la incomodidad o los peligros de los pasos elevados tradicionales.

El tipo trapezoidal puede tener diez centímetros, y el convexo, un máximo de seis

Con información de Maite Rodríguez, Toni Silva, Javier Benito, A. Vellón, Ignacio Carballo, Eduardo Eiroa, Miguel A. Cabana, Santi Garrido, J. R. Ares, Carlos Cortés y Rosa Domínguez.

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