Novatadas, ¿una costumbre con los días contados?

En el 2013 una novatada acabó con la vida de seis chicos cerca de lisboa. Un juez ordenó reabrir el caso


La Voz

La semana pasada un juez portugués ordenó reabrir el caso de la media docena de jóvenes que el 15 de diciembre del 2013 murieron tras ser arrastrados por una ola en la playa del Meco, al sur de Lisboa, supuestamente durante una novatada. Pero no hace falta cruzar fronteras para toparse con las graves consecuencias que pueden acarrear las actividades de las que ya hablaba Platón en sus escritos. Hace justo tres años, en octubre del 2011, cinco jóvenes acabaron con daños oculares de diversa gravedad tras ser rociados con un detergente. Fue durante una batalla de novatos en la plaza de Irmá Gómez, en Santiago de Compostela. Aquel episodio abrió el debate en Galicia sobre las novatadas, además de dar pie a la creación de una asociación dirigida a impulsar un mayor control sobre unas bromas que no tienen gracia.

Desde entonces, la implicación de las diferentes administraciones en esa tarea parece cada vez mayor. El pasado 1 de octubre, por ejemplo, el Senado emitió una enmienda en la que insta al Gobierno a respaldar y apoyar un manifiesto hecho público el curso pasado por el Consejo General de Colegios Mayores de España orientado a acabar con dichas prácticas en el ámbito social y universitario. Aquel documento rogaba un cambio en el actual reglamento de disciplina académica de 1954.

Para garantizar la libertad

La Cámara alta pide también al Ejecutivo que colabore con las diferentes autonomías para prevenir ese tipo de comportamientos, que proteja a las víctimas, además de preservar el ejercicio de la libertad y convivencia. Pero no es el único organismo que se ha movido. No hace mucho, justo coincidiendo con el comienzo del curso escolar, agentes de la Policía Nacional se reunieron con representantes de colegios mayores de Madrid para prevenir dichas actividades.

Con todo, esos pasos no han servido todavía para frenar lo que en algunos lugares aún se ve como una tradición iniciática. Y aunque desde varios centros compostelanos explican que se trata de una costumbre que ya no es, ni de muy lejos, lo que era, desde la asociación No más novatadas, con sede en A Coruña, dicen que continúa: «Este curso, por ejemplo, aún hemos registrado llamadas de Santiago».

Eso parece contradecir lo que comentan los directores de centros como el Colegio Mayor Xelmírez o el Cristo Rey. Fuentes del primero están seguras de que las novatadas de mal gusto, las que rondaban el límite de la legalidad, «son historia» en Santiago. E insisten en que no pueden afirmar al 100 % que no se haya producido este curso algún caso que pueda ser entendido como una novatada en determinados círculos, pero repiten que el «mal gusto» quedó desterrado.

De hecho, el manifiesto respaldado el año pasado por diversas entidades de toda España tenía por objeto limpiar la imagen de los centros. La idea es transformar las novatadas en actividades para acompañar.

Los responsables de la residencia Cristo Rey opinan algo parecido. Dicen que desde hace cinco o seis años estas prácticas han desaparecido en su comunidad. Ahora «se organizan cenas de bienvenida a las novatas» en las que el baile y los juegos están en el programa, pero con una única condición «el respeto a los demás».

Durante el primer botellón del curso en A Coruña unos jóvenes pintaban frases con rotulador sobre la piel de aquellos que habían dado el salto a los estudios superiores. Las fotos lo dicen todo. Para algunos esas son novatadas «leves» que no tienen mayor consecuencia. Pero la portavoz de No más novatadas lanza una pregunta al aire: «¿Qué es algo leve?».

Los jóvenes que están sobre el terreno describen lo que está ocurriendo en Galicia: «Novatadas gordas no se hacen, son más bien bromas», explican universitarias de Santiago. Y enumeran lo que entienden como tal: «Esconderles la ropa, quitarles la copa cuando se sale por la noche, pintarles la cara o ponerles algún distintivo, invitar a un novato a una fiesta a la que hay que ir vestido de algo en concreto y resulta que es él el único que va vestido de eso, cargarles más las copas...».

Pero para Loreto González, la responsable de No más novatadas esas no son bromas. «Es grave cuando hay un abuso de poder. Por ejemplo, ir peinado durante un tiempo de un modo concreto. Puede parecer a muchos algo leve, pero por qué tengo que ir de esa manera», se pregunta. También recuerda que muchas veces, como reconocen los propios estudiantes, las novatadas desembocan en un abuso en el consumo de alcohol.

¿Qué ocurre en otros países?

Aunque lo habitual es que estas prácticas se realicen a principio de curso, a veces pueden prolongarse durante varios meses. No hay más que recordar el suceso de Portugal que fue cuando las aulas ya llevaban más de dos meses abiertas. Aquel trágico episodio sucedió cuando faltaban pocos días para las vacaciones de Año Nuevo. Las familias de los estudiantes no solo pidieron entonces responsabilidades al único superviviente, también a la institución académica en la que estudiaban los chicos por entender que consentía las novatadas.

El suceso abrió el debate en Portugal. Y este año, por ejemplo, se ha abierto un buzón electrónico para que dichas prácticas puedan ser denunciadas. Porque no es extraño que la mayoría de los que las sufren no lo digan porque corren el riesgo de no entrar a formar parte del grupo o de ser discriminado por la comunidad escolar. Otros países como Francia también han puesto la lupa sobre el asunto. Prohibidas desde hace años, las han incluido en el Código Penal. Los que las practican están expuestos a una pena de hasta seis meses de cárcel y a una multa que llega a un total de 15.000 euros.

Donde la legislación es dispar es en Estados Unidos, uno de los países donde las novatadas son más comunes. No hay más que recurrir a la cultura del cine para saber qué ocurre. Con todo, estas están prohibidas o al menos multadas en algunos estados como California. Pese a ello, continúan registrándose muertes.

Donde también estalló un escándalo hace unos años fue en Alemania, al descubrir las novatadas a las que eran sometidos los alumnos de uno de los barcos de la Marina.

Por todo ello y, aunque la costumbre esté bastante arraigada, desde No más novatadas creen que es el momento de acabar con una práctica que no parece de esta época y que más bien puede verse como algo propio del pasado.

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