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«El trueque nos cambió la vida»

Un viaje de dos años por 14 países de América y Asia con la mochila al hombro


pontevedra / la voz

Fue una aventura que iba a durar dos meses y que acabó siendo por dos años. Una experiencia que les permitió conocer 14 países de dos continentes y todo a base del trueque, sin un viaje organizado por agencias ni guías. Julia Silva Faci (Zaragoza, 1985) y Miguel Aza Custodio (Madrid, 1982) pasearon esta semana por la playa de Montalvo, en Sanxenxo, y destacaron la belleza del paisaje de este lugar del litoral pontevedrés, tan distinto a los escenarios que conocieron en países como Malasia o Bolivia. Era el punto y final de un periplo alrededor del mundo que comenzó como una prueba y que, como confesó Julia, «nos cambió la vida».

Esta pareja de diseñadores se enfrentó hace dos años a una situación laboral que no les convencía y sin muchas expectativas de mejorar a corto plazo. Entonces decidieron arriesgarse a poner a prueba el sistema de trueque para viajar y conocer otras sociedades. No iban a ser unos mochileros ociosos que abusasen de la hospitalidad ajena. Aprovecharon su trayectoria profesional como diseñadores y cuando llegaban a un lugar buscaban un establecimiento hostelero.

«Cuando encontramos un pueblo bonito, que nos gustase, tocábamos a las puertas y les decíamos que éramos diseñadores, que si necesitaban alguna ayuda en su promoción turística, les podíamos echar un cable», indica Julia. Solo pedían un techo y comida gratuitas. A cambio ponían a disposición de sus caseros sus conocimientos para revolucionar sus promoción turística entre occidentales. A veces funcionaba e iba sobre ruedas, a veces no salía tan bien. «En esto va mucho que la gente nos tome confianza, cuando veían que nos aplicábamos lo mejor que podíamos, que dedicábamos muchas horas al trabajo, entonces cambiaban», precisa Miguel.

Julia recuerda como en Colombia los pusieron a prueba. No se fiaban. Les dieron una tienda de campaña y un colchón, «que tenía más agujeros que un colador», resalta. Cuando el dueño del local vio cómo trabajaban, «que no era algo rápido y para salir del paso», un día les dijo que les esperaban una habitación y una cama. Y así pasaron varios meses en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

Después volaron a Asia. La ruta que se trazaron -una de las ventajas del trueque es que uno se traza su propio recorrido- les llevó a Filipinas, Malasia, Indonesia, Tailandia, Singapur, Laos, Camboya y Birmania. Tras cerca de cuatro meses en Malasia, llegaron a dominar el vocabulario básico de malayo para hacerse entender y disfrutaron de un curso avanzado de buceo, que excedía en mucho su presupuesto, pero del que disfrutaron gracias al trueque.

Ese curso no fue la única experiencia insólita. En Asia, bañaron elefantes, nadaron entre tiburones -«tienen mala fama por culpa de la película Tiburón», sonríe Julia al comentar que no tuvo miedo de bucear entre ellos- y en Colombia aprendieron a degustar hormigas culonas -«saben a cacahuete», sostiene-. Volvieron a Galicia, donde Julia tiene familia, pero con una nueva visión vital. «Nunca pensé vivir dos años con una mochila. Cuando llegamos a España dije «¡vaya caos, cuánto estrés!». Allá cambiabas los valores y el concepto del tiempo. «Una experiencia muy recomendable», concluye. Ya están pensando en regresar.

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