El mono «Pataca», la pitón «asesinada» en Chantada y otras serpientes aficionadas a los inodoros gallegos

Los animales venenosos son «la última moda», los dueños se cansan y «no saben qué hacer con ellos», afirma un agente del Seprona


La Voz

Se suele creer que en muy pocos lugares se encuentra uno tan a salvo como cuando está sentado en el water de casa. Aunque, visto lo que le sucedió a la vecina de Narón que el pasado domingo sufrió una mordedura de serpiente en sus nalgas, habrá que replantearse si el cuarto de baño sigue siendo ese búnker en el que están prohibidas las interrupciones. Además, este no es el primer caso en Galicia.

Siete años atrás, y a pocos kilómetros del domicilio de Narón en el que se registró el último ataque, un matrimonio ferrolano se despertó con una pitón en el baño de su casa.

«A Concepción Martínez González le temblaban las piernas al recordarlo. Tras levantarse de la cama y subir la tapa del váter, esta vecina del barrio ferrolano de Santa Mariña se topó con una serpiente pitón enroscada en el interior del inodoro. La serpiente se escapó del terrario de un vecino. Pero la historia arrancó unos días antes, cuando Tania, hija del matrimonio, llamó a gritos a su madre para advertirle de que había visto una serpiente en el váter. Sus padres no dieron crédito a la historia de la chica, de 18 años, pero, al ver su inquietud, decidieron cerrar las tapas de los inodoros y bloquearlos con macetas antes de acostarse», recogieron las páginas de La Voz de Galicia.

El otro gran refugio en el interior de las viviendas es la cama. Probablemente no piense lo mismo un matrimonio del barrio de Caranza que en el 2007 se encontró con un ejemplar de falsa coral en el cabecero de su dormitorio. Un metro y 70 centímetros de manchas rojas, negras y blancas con final en una lengua viperina. La pareja optó por cerrar la puerta del dormitorio y esperar a que llegasen al rescate los bomberos y la Policía. En esta ocasión el reptil era propiedad del vecino de arriba, quien insistió en que no se trataba de un ejemplar venenoso.

De balneario

Probablemente, estos dos matrimonios lo primero en lo que pensaron fue en marcharse unos días de escapada a un lugar tranquilo. ¿Un balneario? En el 2007, «dos agentes de la Guardia Civil tuvieron que desplazarse de madrugada a las inmediaciones de un balneario en Ferreira de Pantón después de haber sido requeridos debido a la presencia de una víbora que se encontraba en el exterior del recinto. Los guardias acudieron al lugar pertrechados con un palo metálico con una especie de pinzas y, con este artilugio, lograron capturar al animal», recogió el periódico del día siguiente.

«No saben qué hacer con ellos»

Estos tres casos son solo ejemplos que ponen de relieve que encontrarse con una serpiente en Galicia no es tan extraño, como podría parecer a bote pronto. En el último se trata de un ejemplar que habita en Galicia, la víbora de Seoane, abundante en muchas zonas de la comunidad, por lo que es más común que se la encuentren los vecinos de zonas rurales. Por su parte, los dos primeros son especies exóticas, que llegan a Galicia como mascotas, normalmente, de urbanitas.

El sargento José Braña, de la patrulla del Seprona de O Porriño comentaba el pasado año a La Voz de Galicia que en la comunidad ha aparecido «alguna pitón», aunque lo normal son tortugas y especies invasoras «como la cotorra argentina», con capacidad para desplazar a otras autóctonas.

Pero su experiencia en varias zonas de España le permite constatar la «gravedad» de un problema que crece de forma exponencial. Braña ha visto desde «leones marinos en piscinas privadas» hasta «una víbora de Gabón de dos metros, con colmillos de cinco centímetros y veneno para dar y regalar». Los animales venenosos son «la última moda» en España, y sobre ello alerta especialmente el experto, que recuerda que hasta ahora los no ponzoñosos han aparecido en el campo porque los dueños se cansan y «no saben qué hacer con ellos». Algunas mascotas mueren en libertad, pero otras se adaptan bien. Entre las últimas apariciones destacables, «en Mijas se encontró un cocodrilo del Nilo de dos metros y medio, y en Asturias acaba de aparecer la piel de una boa de cinco metros».

La pitón asesinada en Chantada

«Ya se sabe quién mató la serpiente pitón que fue encontrada moribunda el martes en un contenedor de basura. Fue un vecino que se la encontró enroscada en el suelo en la bodega de su casa. Ni él ni su esposa tienen ni idea de dónde pudo salir.

Fue la mujer, Lidia Montes, la que se encontró con la pitón cuando bajó de su casa para buscar algo en la bodega, que está en la planta baja del número 8 de la calle Castelao. «Vina enrollada no medio do chan, levei tal susto tal susto que me retirei para atrás porque me foi mal», explicaba ayer por la tarde, aún impresionada. «Ás cobras -añade- téñolles moito medo, é a cousa que máis medo me dá. Aínda me parece que a estou vendo».

En cuanto pudo sobreponerse llamó a su marido, Eduardo Montes, que bajó y la mató de un golpe con un hierro. Acto seguido, la metió en una caja y la llevó hasta el contenedor más cercano, el de la plaza Luis García Arias, donde Marcos Eyré, el propietario del pub A Polémica, la vio poco después y alertó a Protección Civil», recogían las páginas de La Voz de Galicia del 5 de junio del 2008.

«Una serpiente anda suelta»

«Más de cuarenta agentes buscan en la capital ourensana a la serpiente de cuatro metros que el domingo por la noche se escapó de un circo. Dos días de búsqueda y ningún resultado», comenzaba una información firmada por Marta Vázquez en el 2005. Y a los dos días, un titular rotundo: «tres detenidos entre el personal del circo por simular la fuga de la pitón». Parece ser que para ganar público buscaron convertirse por las bravas en los protagonistas de la ciudad.

Un mono en O Courel y canguros en Terra Chá

En la primavera de 2003 comenzó a circular entre los pescadores la noticia de que en el río Neira, entre O Corgo y O Páramo había un cocodrilo. En las misas, en las tabernas y en el médico, no se hablaba de otra cosa. En septiembre del año 1999 cuando los guardias del Seprona tuvieron que tratar de confirmar la presencia de un mono en la Serra de O Courel. ¿Qué habrá sido de Patata?, el mono que un buen día decidió abandonar la granja de Barreiros en la que vivía con un canguro, una llama y varias cabras enanas, para darse un paseo por el casco histórico de Ribadeo.

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