Los casos de maltrato de hijos a padres se disparan un 40 %

Muchos progenitores no se atreven a denunciar por miedo o vergüenza


Redacción / La Voz

Una madre le quita el ordenador a su hijo de 13 años y este, a causa del enfado, coge un cuchillo de cocina y le exige que se lo devuelva. Ocurrió hace solo unos días en A Coruña y es uno de los muchos casos que llegan a los departamentos de servicios sociales o a las instancias judiciales.

Las denuncias por maltrato de hijos a padres no han parado de crecer en los últimos años en Galicia. Aunque en el 2012 la subida ha sido más que sustancial, de un 41 % con respecto al ejercicio anterior, según se desprende de la Memoria de la Fiscalía Superior de Galicia.

La violencia filioparental ha dejado el pasado año 331 casos en las cuatro provincias gallegas, 97 más que el año anterior -son agresiones de hijos a padres, que pueden no ser menores de edad, aunque es en la adolescencia cuando se registran mayores problemas-. En España se detectaron 9.000 casos.

Aunque la tendencia es al alza, y los expertos hablan de un preocupante aumento del denominado síndrome del emperador, el dato aún dista mucho de las agresiones de padres a hijos, que casi son el doble. La Fiscalía Superior cifra en 652 este tipo de denuncias, el 34 % del total de casos de violencia doméstica en Galicia.

En el banquillo

Fruto del incremento de este tipo de maltrato, cada vez son más los menores que son juzgados por comportamientos agresivos hacia sus padres. En el 2012 el 8 % de los 971 menores que se sentaron en el banquillo lo hicieron por casos de violencia doméstica. En concreto, fueron 76, de los que 58 fueron condenados por delito, 13 por falta, y cinco absueltos; 68 eran españoles, y otros 8, extranjeros. Un total de 44 tenían entre 16 y 17 años, y el resto, entre 14 y 15.

Incluso, señalan los expertos, el número de situaciones violentas podría ser mayor, puesto que son muchos los casos que no se judicializan. ¿Por qué? Porque las familias no se atreven a denunciar. Bien por miedo, vergüenza o por los fuertes lazos afectivos que les unen a sus hijos.

Así lo explica Ana María Ulloa, vicepresidenta de la sección de psicología educativa del Colegio de Psicólogos de Galicia, que cree que «los cambios que se han producido en la sociedad tienen mucho que ver con este aumento». Afirma la experta que «hemos pasado de una sociedad más prohibitiva a otra mucho más permisiva y eso puede hacer que a los hijos se les exijan menos responsabilidades, están acostumbrados a una satisfacción inmediata, no se les ponen límites...».

Es lo que se conoce como el síndrome del emperador, por el cual los adolescentes se creen «los reyes de la casa», lo que puede desencadenar, llegada la adolescencia, en un comportamiento agresivo. Ulloa deja claro que «no es una actitud que surja de la noche a la mañana», sino que «viene de unas conductas de pequeño». Es cuando los hijos llegan a una edad, entre los 13 y los 16 años, en la que su físico les permite plantar cara a sus progenitores, cuando surgen estos comportamientos violentos.

La judicialización de este tipo de maltrato es poco habitual, porque los propios padres se sienten culpables, explica la vicepresidenta de la sección de psicología educativa, «porque creen que no han sabido educar a sus hijos». De ahí que muchos acudan a la consulta de un psicólogo para aprender pautas de conducta que les permita reconducir la situación. En otros casos, acuden a un experto preocupados por otros problemas como absentismo escolar o falta de comunicación con los hijos, tras los que se puede esconder un caso de agresividad.

Son situaciones de maltrato que no están restringidas a una clase social concreta. Al contrario, matiza: «Se producen situaciones en núcleos familiares marginales, pero también en clases medias y altas», destaca Ulloa. Influyen un cúmulo de factores: el clima familiar, la educación, la pandilla de amigos, el ambiente y en menor medida, matiza la psicóloga, el factor genético.

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