: Verdades y mentiras sobre un fenómeno sin solución definitiva

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.

Desde la despreocupada algarabía de los botellones a los circunspectos despachos donde se toman las decisiones, pasando por la opinión pública, circulan una serie de ideas que bloquean soluciones definitivas. No todas son ciertas.

El alcohol solo daña a los que no controlan. Falso. El alcohol es una sustancia tóxica, y el botellón, en muchos casos, un proceso de aprendizaje en su consumo desde unas pautas de inicio que proponen ingestas severas. Adquirir un proceso de control, averiguar los límites, suele incluir intoxicaciones previas.

El botellón es más barato. Irrefutable. Por el precio de una copa en un bar, consumen varias personas durante horas en un jardín.

Se evita el garrafón. Falso. Muchos jóvenes opinan que en los bares de copas suelen poner alcohol de garrafón. Más allá de la dudosa afirmación, lo cierto es que lo normal es que en el botellón se consuma el alcohol más barato, no muy diferente al que pretenden evitar.

Las autoridades quieren acabar con el botellón porque supone un problema sanitario. Falso. Las medidas más severas contra el fenómeno se han adoptado en los lugares en que suponían un problema de convivencia con los vecinos. Cuando se ha solucionado, normalmente trasladándolo de sitio, el hostigamiento hacia el consumo de alcohol en la calle se ha reducido o sencillamente ha desaparecido.

No todos los que acuden al botellón consumen alcohol. Cierto. La capacidad de arrastre del botellón supone en muchas ciudades el paso obligado por el lugar donde está el ambiente a ciertas horas y a ciertas edades, se tome o no alcohol. Cualquier experto sostiene que será más fácil dar el primer paso estando en medio de una ceremonia de consumo, algo que, de todos modos, ocurre en cualquier bar o discoteca.

El botellón está lleno de menores. Sí y no. En los universitarios, la presencia de menores es mínima. Los de los sábados tienen una mayor concurrencia. Es difícil encontrar chavales de 13 o 14 años, pero muy sencillo verlos de 16 o 17. La mayoría, bebiendo.