: Beber para olvidar el futuro

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.

En medio de unas copas, fluyen las conversaciones, la lengua se desata, se expresan opiniones, se cuentan anécdotas, se ríe mucho. Eso sí, la mejor forma de cortar el rollo en un botellón universitario es introducir el espinoso tema del futuro. «Yo no quiero irme al extranjero. Quiero quedarme aquí. Si puedo, en A Coruña, y si no, en Galicia». Aarón, un chaval de O Barco, lanza su deseo a la noche y levanta su copa de plástico. Estudia INEF y ya le han dicho en la facultad que se agarre los machos: «No sé. A lo mejor monto un gimnasio».

Muchos de los que alternan entre el frío tienen horizontes de dos, tres y hasta cuatro años en sus diferentes facultades. Un plazo para refugiarse de la galerna económica. Pero cunde la desesperanza y muy pocos creen que, cuando completen su formación, haya una oportunidad laboral esperándolos. «A nosotros tampoco nos dan muchas esperanzas», aporta Jesús, el colega de Aarón que le está ayudando con los cubatas de ginebra. Estudia para ser arquitecto técnico. Ambos vienen ya de completar un grado superior de FP y no ven nada en el futuro.

Poco a poco, los dos jóvenes de 21 años me arrastran a conversar sobre otros temas: de lo difícil que resulta volver a casa por la falta de transporte público o de lo mal que le va al Dépor. Temas deprimentes ambos, pero, desde luego, mucho menos que una mirada a un futuro laboral que no ilusiona.