: Dos días siguiendo el rastro de las llamadas de un desaparecido

Un hombre de 85 años se perdió el domingo en Ourense e intenta que lo localicen con llamadas desde el teléfono móvil a uno de sus hijos

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La angustia y la desesperación se hacen cada vez más intensas entre los familiares del vecino de Toén de 85 años que se perdió en la tarde del pasado domingo después de salir a dar un paseo por la zona termal situada en las orillas del Miño, en Ourense. A media tarde, el hombre llamó a sus hijos para decir que se había caído en un barranco y les dijo que se encontraba en la zona de A Chavasqueira, pero el amplio dispositivo de búsqueda que se puso en marcha desde ese mismo momento no había servido para localizarlo al cierre de esta edición.

Ello pese a que ayer por la tarde sus hijos consiguieron contactar con él por segunda vez. Tras muchas llamadas fallidas, a las tres de la tarde Andrés Cadaya contestó al teléfono. Eso, por un lado, tranquilizó a sus allegados, felices de saber que el octogenario había podido soportar, pese a estar al raso, las bajas temperaturas de la noche anterior. Aunque su voz era débil, pudo confirmar a sus hijos que se encontraba bien.

Sin embargo, la vaga descripción que ofreció sobre el lugar en el que se encuentra no ayudó a facilitar las cosas. Asegura que se cayó junto a un árbol, en una zona desde la que no ve el agua y que no está iluminada por las noches -gran parte de ese paseo sí lo está-, pero la descripción no fue suficiente para localizarlo. Además, la comunicación se cortó enseguida y en las horas posteriores ya no fue posible volver a contactar. El teléfono daba la señal de apagado, lo que indica que el móvil podría haberse quedado ya sin batería.

Durante todo el día fueron una treintena de personas, tanto de Protección Civil como de las policía Nacional y Local, bomberos y Guardia Civil, con perros adiestrados, las que se encargaron de rastrear palmo a palmo cada rincón de las orillas del río, en el tramo comprendido entre A Chavasqueira y Outariz, de unos 14 kilómetros. Una lancha buscó aguas adentro, mientras por el aire, el helicóptero del 112 hizo numerosos rastreos siguiendo el caudal del Miño. Al dispositivo oficial se sumaron además los hijos del desaparecido, familiares y muchos amigos. Sin embargo, nada dio resultado.

La señal del móvil

Ni siquiera ayudó el hecho de que tras la llamada se pudiera rastrear la señal del teléfono móvil, que indicaba que se encontraba entre Reza y Outariz, un tramo de poco más de un kilómetro. Se intensificó el rastreo en esa zona, pero no hubo éxito.

Ante la urgencia de localizar cuanto antes al desaparecido, que se enfrentaba a su segunda noche a la intemperie, sin comida ni bebida y soportando temperaturas que podrían bajar hasta los 0 grados, a última hora de la tarde se organizó un equipo que se mantendría activo hasta la mañana de hoy. Se prevé que, si Andrés Cadaya sigue sin aparecer, desde primera hora se amplíe el radio de búsqueda hacia la zona de Velle y el Barbaña, ya que no se descarta que el hombre, al caerse, hubiese podido desorientarse y dar una información equivocada de su ubicación real. De lo contrario, no se explica cómo no ha podido ser localizado todavía. «Quizá haya que abrir el abanico de búsqueda porque hoy -por ayer- hemos hecho una revisión muy a fondo y no hemos tenido suerte. Es posible que esté en otro sitio», reconocía Manuel Fernández, responsable de Protección Civil de Ourense y coordinador del dispositivo.

Eso sí, en la búsqueda están surgiendo algunas complicaciones, derivadas algunas de ellas de que se trate de una zona muy transitada por los vecinos de la capital. La Guardia Civil no ha podido utilizar a los perros rastreadores porque en zonas con tanta gente, no pueden trabajar.

El hijo del hombre desaparecido, en el centro de la imagen de rojo, recibió en el teléfono móvil llamadas de su padre. miguel villar