: El destino indeciso

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Parece que las estadísticas del sector turístico en Galicia se han vuelto tan sombrías como la situación económica en la que habita. Las acciones llevadas a cabo por el numeroso elenco de agentes implicados no están consiguiendo los objetivos previstos. Sin embargo, como las responsabilidades se encuentran muy repartidas, nadie se siente especialmente culpable. Y mientras se cruzan los dedos esperando el milagro, los anuncios de planes estratégicos enmudecen temporalmente las críticas.

En cada uno de los niveles territoriales han surgido todo tipo de soluciones para atraer al deseado viajero. Un conjunto de partidas presupuestarias destinadas a promoción de lo más variopinto. Sin embargo, suele quedar en el tintero su control. Los objetivos confusos, ligados a conceptos borrosos, no ayudan a evaluar su eficacia.

Algo más que paisaje

La belleza del paisaje no es suficiente para atraer a un cliente, nacional o extranjero, saturado de imágenes y destinos paradisíacos. Al calor de la marca resulta imprescindible generar otros productos vendibles para el visitante. Sin embargo, no se ha conseguido reunirlos, enfocarlos y hacerlos remar todos en la misma dirección, tanto por parte de la iniciativa privada como a través de la multitud de centros de gestión y promoción.

Son muchas las posibles actuaciones a considerar para superar aquellos modelos que no han dado los frutos deseados. Dos de ellas son imprescindibles.

Por un lado, favorecer reglas de juego que promuevan entornos estables para las iniciativas emprendedoras, sobre todo las enfocadas a los jóvenes. Por otro, la profesionalización de una actividad, tanto en lo público como en lo privado, que permita al capital humano formado en las escuelas de turismo gallegas liderar el cambio.