: «Te das cuenta de que te ahogas»

Uxía Arias se durmió al volante, cayó con su coche al embalse de Os Peares, salió buceando y corrió cinco kilómetros en busca de ayuda

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Conducía por una carretera paralela al embalse de Os Peares y se durmió al volante. Se despertó enseguida, con el sobresalto de su coche cayendo al Miño. Ocurrió la noche del 28 de diciembre en el municipio lucense de O Saviñao, pero Uxía Arias aún se emociona cuando cuenta cómo fue capaz de zafarse de un cinturón de seguridad atascado, de abrir con las piernas la puerta que se le resistía y de nadar no sabe cuánto hasta la superficie. Los buzos que tratan de encontrar el coche dicen que en ese punto el embalse tiene veinte metros de profundidad. Esta monfortina de 33 años, exjugadora de squash, está en buena forma física, pero sabe que es prácticamente imposible que haya nadado tanto.

-¿Recuerda cómo ocurrió?

-Eran las cuatro de la mañana y conducía desde Monforte hacia una casa de A Cova en la que se habían reunido unos amigos a cenar. Había pasado el día trabajando y me quedé dormida.

-¿Se despertó en el agua?

-Un poco antes, cuando el coche se salió de la carretera. [En una curva a la izquierda sin vallas, igual que el resto de esta carretera].

-¿Tardó mucho en hundirse?

-No, fue muy rápido. Tardó muy poco en llenarse de agua.

-¿Pudo darse cuenta de lo que estaba pasando?

-Sí. Te das cuenta de que te ahogas y ves que no tienes tiempo, ni aire, que estás en un espacio muy pequeño y completamente lleno de agua. Primero quise desabrochar el cinturón, pero se había atascado, así que lo aflojé por arriba y me liberé por los pies. Pero después no conseguía abrir la puerta. Ahí me desesperé.

-¿Pensó que no saldría?

-Es curioso, no me pasó eso de ver pasar toda mi vida [ríe], lo que sentí fue mucha pena porque pensé que me iba a morir así, en un embalse y con 33 años. Angustia me da más ahora cuando lo recuerdo. Allí y en aquel momento fue pena.

-Pero salió.

-Al ver que conseguía meterme por el espacio de la puerta medio abierta, pensé que ya estaba, que podría llegar arriba. No sé cuánto nadé. Los buceadores dicen que hay veinte metros de profundidad, pero yo calculo que debí nadar seis u ocho. A lo mejor el coche se paró en el lateral del embalse y luego siguió bajando hasta el fondo. No lo sé.

-¿Qué sintió cuando llegó arriba?

-Una euforia total. Ni me acuerdo a qué distancia estaba de la orilla, ni por dónde salí a la carretera, ni cómo es posible que solo me hiciese un rasguño en una mano al trepar, pero sí que pensé que ya estaba, que aunque tuviera que pasar dos días más en el agua ya no me moriría. Y ya fuera, eché a correr en dirección a la casa de mis amigos. Corrí unos cinco kilómetros hasta que me crucé con ellos, que volvían en coche.