: «No me quedé ni un céntimo», dice la sobrina de la millonaria indigente de A Coruña

La acusada, que vendió un piso de su tía el mismo día de su muerte, dice que la casa con piscina que se compró en A Zapateira la está pagando religiosamente

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Ya está contado y de sobra comentado que en el 2004 falleció con 92 años una coruñesa que comía de la basura y dormía entre okupas pese a que tenía una fortuna que algunos calculan en cinco millones de euros. Y que todo esto saltó ahora a la luz porque cuatro de sus herederos llevaron a los tribunales a una pariente -sobrina, como ellos, de la anciana- a la que acusan de esquilmar 1,6 millones de euros de las cuentas de la fallecida. Ahora falta saber en qué acabará todo esto. El juicio comenzó ayer. Unos dicen que la procesada embaucó a la señora con todo tipo de tretas para hacerse con su firma bancaria y dejarle la cartilla tiritando. La aludida lo niega. Dice que jamás se quedó con un céntimo.

Las cosas como son: la única sobrina de Josefina que se preocupó por ella en sus últimos años de vida no lo tiene nada fácil. En el estrado, frente a la jueza, la fiscala y los abogados que contrataron los cuatro parientes que la acusan, tuvo que explicar detalles difíciles de creer. Como las razones por las que un lunes retiró de las cuentas de la fallecida 2.000 euros, el miércoles otros 4.000, el viernes 20.000; y así hasta 1,6 millones. Y la fallecida, que también iba al banco, no sacaba más de 12 euros. La acusada, para quien la fiscala pide una condena de seis años de prisión, alegó que todo cuanto dinero sacó de las sucursales era por orden de su tía. ¿Adónde iba a parar todo ese caudal monetario si la mujer vivía rodeada de basura, solía dormir en portales y comer de contenedores? «Ni idea», respondió la procesada. Se imagina que iba para los pobres, pero no lo pudo asegurar. «Me decía que con su dinero hacía lo que quería», apostilló. Lo que sí es verdad, según apuntó, es que para ella no fue ni un céntimo, que la casa con piscina que se compró en aquellos tiempos en A Zapateira, una de las zonas más exclusivas de A Coruña, la está pagando religiosamente y no sin estrecheces.

La procesada era la única pariente de Josefina que vivía en A Coruña y por eso la Justicia la nombró en el 2002 como su defensora judicial después de que los Servicios Sociales del Ayuntamiento coruñés intentasen internar a la anciana en un psiquiátrico porque la Policía Local estaba ya cansada de recogerla en portales, verla caminar sin rumbo por la ciudad o acudir al edificio de tres plantas que tenía en el centro de la ciudad y desde el que arrojaba todo tipo de objetos a la calle. Los forenses no vieron que fuese para tanto y se optó por la tutela de su sobrina. Ahí empezó el problema y los codazos entre la familia.

«Me ocupaba de ella, la visitaba casi a diario, le llevaba comida y cena», recordó la procesada. E iba al banco. Dice que por orden de la anciana. Como cuando le vendió sus acciones de Telefónica o de Antena 3. O cuando le retiró 300.000 euros pocas semanas antes de morir. Siempre lo hizo, según juró ante la jueza, porque así se lo pedía Josefina, que «siempre dijo que no le iba a dejar nada a los otros sobrinos, a quienes no les hablaba ni dejaba entrar en casa».

La acusación particular, que defiende los intereses de los otros cuatro sobrinos -percibieron una golosa herencia tras su fallecimiento-, la interrogó sobre la venta de un piso. El mismo día en que Josefina falleció. Si murió a las siete de la tarde, la procesada a las dos estaba con el notario y los compradores. «También fue por orden de ella y si la firma fue ese día fue porque coincidió. Nada más», argumentó.

La sobrina y su hija, en el juicio de ayer en A Coruña. paco rodríguez