«Con una subida de tasas como la que se ha llevado a cabo en Portugal, yo creo que en España se arma una guerra. Pero aquí prácticamente nadie protesta». Este comentario de un facultativo gallego se repite de consulta en consulta.
No ha habido motines en los centros de salud ni tampoco malos modos en las consultas. El paciente abrió un poco más su monedero y siguió acudiendo al ambulatorio. Tal vez un poco menos, pero sin rechistar. «Seguramente se deprimen más en España, donde se ha pasado de una situación en la que parecíamos ricos a otra totalmente distinta. En Portugal llevan muchos años sufriendo, adaptándose a la crisis económica. Aquí la gente es muy resignada, no hay cultura de la protesta, es el fado».
La psiquiatra Mercedes Álvarez estudia junto con otras colegas del norte de Portugal el impacto de la crisis en las consultas de salud mental. Y la variación en los últimos años es mínima: «Tal vez un rejuvenecimiento en el perfil del paciente».
Retrato del norte
Es ese el retrato del norte del país, poco industrializado y muy rural y con las rentas más bajas de Portugal. Allí no hay problemas de malos modos en las consultas y mucho menos de agresiones a médicos: «No, eso no se da. Al menos yo no lo conozco», admite la psiquiatra gallega.
El nivel de respeto que se tiene hacia el facultativo y, en general, hacia todo el personal sanitario, es extremadamente alto. En eso, la coincidencia entre los médicos gallegos que ejercen en el país vecino también generalizada.