Cada semana, la Facultade de Veterinaria de la Universidade de Santiago consume más de 11.000 euros en electricidad. En una semana de diciembre, de las más frías del año, la USC desembolsa más de 25.000 euros en gasoil para calentar más de 5.000 metros cuadrados de edificios. Son datos correspondientes al Plan de Sustentabilidade presentado el pasado año, en el que se consumieron 27,4 millones de kilovatios y casi 920.000 litros de gasoil. La Universidade no es ajena a las continuas subidas en la factura energética y se ha visto obligada a decir basta. Hasta tal punto que ha tomado la determinación de acortar en dos horas el horario de apertura de sus centros -a excepción de residencias, bibliotecas con horario extraordinario y servicios intensivos y recaudatorios, como la piscina- para así hacer caer también el consumo energético.
La medida responde a la progresión lógica que ha seguido la USC. Primero, decidieron cerrar en Navidad. Después, se extendió a Semana Santa y al verano -esta vez los centros echarán el cierre del 6 al 17 de agosto, ambos incluidos, excepto alguna facultad-. Se ha concienciado a la comunidad universitaria de la necesidad de ahorrar. Se han marcado pautas de encendido y apagado en la calefacción y el objetivo de abandonar progresivamente el encendido manual. Han reducido el consumo telefónico, usan impresoras comunes para gastar menos tóner. Se vigila el material de oficina. Y un largo etcétera.
La senda abierta por la Universidade compostelana empiezan a seguirla las otras dos universidades. La de A Coruña respondió ayer que acortar el horario de las facultades no entra en sus planes, pero sí están estudiando otras medidas de ahorro, según informa Dolores Vázquez desde la redacción de La Voz en A Coruña. La de Vigo es más parca. No se contempla reducir las horas de apertura, según la información aportada desde Vigo por Sara Ledo.
Los centros de la USC, de todos modos, escogerán como y cuándo se recortarán esas dos horas. La pauta inicial es la de cerrar a las 20 horas en vez de a las 22 horas. Son «as horas nas que máis se consume». Pero es difícil en algunos centros, especialmente los que tienen muchos alumnos y turnos de clase de mañana y de tarde. Huelga decir que las horas lectivas se respetarán y que los investigadores podrán estar en la facultad tras el cierre, aunque deben concienciarse de apagar luces si no las utilizan.
La vicerrectora de Economía e Infraestruturas da libertad a decanos y directores de los centros de investigación para acogerse a una medida que, según destaca Sara Cantorna, ha sido recibida con aceptación. Tanta, que algunos han decidido comenzar con el nuevo horario en septiembre e incluso han aportado ideas para reducir el consumo, como optar por sistemas de alumbrado sensibles al movimiento y utilizarlos solo las horas nocturnas. El calendario marcado por el Rectorado establece una fecha tope: el 1 de enero todos los centros deben haber acortado su horario.
Mientras se está tramitando la contratación de auditorías energéticas para hacer un exhaustivo estudio de las pautas de consumo de cada uno de los centros educativos y comprobar así su gasto de electricidad y energía.
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