La playa de Río Sieira, en Porto do Son, es famosa por el tamaño de sus olas. El miércoles, uno de los tres socorristas que la vigilan habitualmente, Martín Armental, tuvo que emplearse a fondo para que el día no terminase en tragedia. Primero auxilió a un chico de 15 años que se encontraba unos 25 metros mar adentro. Cuando estaba en tierra y el joven recatado se recuperaba del principio de hipotermia que padecía, dos surfistas se echaron al mar para sacar del agua con vida a otros bañistas que tampoco llegaban a los 16 años.
Al verlos, Martín fue detrás para ayudarlos, pero cuando llegó, los deportistas ya tenían controlada la situación. Sobre lo que hubiese pasado en el caso de que los surfistas no llegasen a tiempo, este socorrista sonense mira al cielo y guarda silencio.
Los motivos por los que Martín Armental estaba solo responden al modelo de organización previsto por el Concello. La playa de Río Sieira suele estar vigilada por tres profesionales, pero no todos los días de la semana, ya que cuando libra uno de ellos se quedan al frente del operativo dos compañeros. Cuando esto sucede -cuatro jornadas y media a la semana-, los dos socorristas tienen tres horas para comer que se dividen a partes iguales. Esto implica que en ese tiempo la playa solo tenga un vigilante.
Los socorristas contratados por el Concello critican «la precariedad» en la que, dicen, realizan su trabajo. Según indican, hasta ayer carecían de la bandera roja que sirve para prohibir el baño: «El miércoles era necesaria y no pudimos ponerla. La niebla nos impedía ver los extremos de la playa, y así era imposible vigilar». Pero las quejas expresadas van más allá. Según añaden, hasta hace pocos días ni siquiera tenían suero para limpiar las heridas.
El alcalde de Porto do Son, Luis Oujo, explicó que el municipio tiene 18 socorristas contratados para 30 kilómetros de costa. «Hacemos lo que podemos con el personal que tenemos. Nuestra obligación es vigilar las dos playas con bandera azul, pero queremos abarcar más por la complejidad de algunos arenales, como el de Río Sieira. Lo que le pedimos a la gente es que sea prudente, y si sabe que estas playas son peligrosas, no sea temeraria».
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