Decir Arzúa es decir queso. En lo gastronómico, uno suave y cremoso. En lo político, uno de gruyer. De gruyer francés, que al contrario que el suizo está lleno de agujeros. Ese agujero es un abismo que tiene siglas, las del BNG, y nombres, el del exalcalde y líder de toda la vida de los nacionalistas, Xaquín García Couso, y el del nuevo regidor, José Luis García López.
Este concello de poco más de 6.000 habitantes que se gana la vida con la ganadería, la leche y la venta de su famoso queso, vive dividido en dos. Al menos en lo que respecta al Bloque. Dos líderes, dos corrientes del nacionalismo, la de los irmandiños y la de los seguidores de Carlos Aymerich, dos versiones de una historia de ruptura, y hasta dos zonas de vinos.
En el bar Luis, territorio frecuentado por los seguidores de Xaquín García, el plas seco de las fichas de dominó golpeando sobre la mesa casi no deja escuchar al paisano que acepta ofrecer su versión de la historia, pero que teme dar su nombre por miedo a que unos y otros «logo me miren mal», dice.
Son las cuatro de la tarde, hora punta de partidas, del primer sábado de auténtico verano y el local está repleto, de ahí que ponga un extra de discreción en sus palabras. «Xaquín acordou con José Luis facer xuntos a campaña. No cartel saían os dous e nos mitins falaba primeiro un e logo o outro. Tiñan ese pacto e que despois Xaquín o asesoraría no Concello. Vamos, que estaría sen estar, xa sabes», explica.
El pacto existió. Pero duró poco. Empezó a fracturarse en la propia campaña y se resquebrajó por completo cuando el BNG ganó las elecciones, pero perdió la mayoría absoluta y pasó a gobernar en minoría.
El regidor, José Luis García López, no reconoce ningún pacto previo y sitúa el origen del cisma en su negativa a contratar como asesor a su predecesor. «Negueime a ser só un brazo asinante», asegura. «Eu estou disposto a asumir a responsabilidade dos meus erros e dos meus acertos, pero non podo asumir os dos demais», añade.
El exalcalde niega que ese sea el problema. Junto a la terraza del bar Manolo, que frecuenta porque está cerca de la autoescuela que dirige, confiesa sentirse muy dolido con la situación. «Eu non quixen ser asesor, ese non é o problema. Dende que deixei o Concello eu xa non participo no grupo municipal, agora si, no BNG son un militante coma calquera outro e podo participar organicamente. Teño o mesmo dereito», asegura García Couso, que además de contar con el total apoyo de Carlos Aymerich es responsable comarcal de los nacionalistas.
Dentro del bar se habla más de la Eurocopa y de si Del Bosque hace bien en empecinarse con el doble pivote que de la crisis política. Aunque, si se rasca, se nota que la situación tiene cansados a muchos vecinos. «A xente quere paz», resume un cliente. Y en el Concello más bien hay guerra. Los seis concejales que tiene el Bloque en el pleno se han dividido. Tres apoyan al alcalde -con él son cuatro- y otros dos le retiraron su apoyo en una reciente moción de confianza. Es normal. Uno es el hermano del exregidor, Inacio García Couso, y el otro su más estrecho colaborador y el que fue su teniente de alcalde, Leonardo Bermúdez.
Uno y otro aseguran que la división en el BNG arzuano no es personal, sino política. «Non se trata dunha persoa ou outra, a cuestión é como imos estar ca política dun alcalde que exime dun IBI de 4.000 euros ao ano ao pazo de Brandeso e que obriga as explotacións gandeiras a pagar ese mesmo imposto que antes non tiñan que pagar», argumenta Bermúdez, que acusa al actual regidor de estar gobernando «co PP e coas políticas do PP». Los populares se dejan querer. Tienen mucho que ganar en esta historia. Si los pro García Couso recuperan el control del consello local, elegirán al candidato, que no sería García López, que probablemente se presentaría como independiente. Dividido el BNG, el PP recuperaría la alcaldía.
Desatada la guerra en el Concello, la próxima batalla será quién se queda con el control del BNG de Arzúa. García López y los pro irmandiños, que tienen en el bar Rueiro -de célebre cocina y excelente pizza- su centro de reunión, o los pro García Couso. El tiempo dirá si el agujero devora al queso.
«Negueime a ser só un brazo asinante», asegura el actual alcalde, José Luis García
La próxima batalla será cuál de las dos facciones se queda con el control del Bloque
Xaquín García Couso logra la alcaldía por primera vez en la historia para el BNG. Con cinco ediles, gobierna en coalición con el PSdeG, que obtuvo dos.
García Couso vuelve a ganar y logra mayoría absoluta.
La Junta Electoral declara inelegible a García Couso, a petición del PP, porque el regidor fue condenado por no ejecutar una sentencia del Tribunal Supremo por una ilegalidad urbanística cometida cuando gobernaban los populares. El BNG coloca como nuevo candidato al número dos de la lista, José Luis García López.
García López gana las elecciones, pero pierde la mayoría absoluta. La corporación queda así: BNG, 6; PP, 6; y PSdeG, 1.
Como colofón a un grave proceso de división interna, el alcalde, José Luis García, destituye al hermano del exalcalde, Inacio García Couso, como portavoz del BNG en el pleno. Le sustituye Aurora Varela.
El BNG se divide definitivamente. En el pleno, los dos ediles pro García Couso no dan su apoyo al regidor en la moción de confianza que plantea.
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