el futuro del nacionalismo

Un Bloque en continua reforma

Las escisiones, asimilaciones y uniones se multiplican a lo largo de los 30 años de historia de un frente que aspira a ser la casa común de todo el nacionalismo gallego

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.

Desde que en 1982 el Bloque Nacionalista Galego (BNG) se convirtió en formación política, las reformas por fusiones, escisiones y absorciones han ido modelando unas veces y apuntalando otras el principal edificio del nacionalismo gallego. Su propio nacimiento vino propiciado por la alianza electoral de dos familias casi irreconciliables, la Unión do Povo Galego (UPG) y el Partido Socialista Galego (PSG).

Esa fusión de comunistas y socialistas ha determinado gran parte de la relación posterior en el frente de partidos y corrientes en el que se fue transformando el Bloque. Y esa comunión no siempre ha sido cordial, es más, casi siempre ha estado trufada de tensiones y desconfianzas, incluso desde el momento del nacimiento en Riazor cuando PSG, UPG y AN-PG (plataforma creada con fines electorales) sumaron sus fuerzas. Un año más tarde, el PSG se marchó de la formación, aunque como ocurrió ayer con Máis Galiza, una buena parte de su militancia permaneció en el frente formando el Colectivo Socialista. La ruptura tuvo sus consecuencias: el BNG perdió dos de sus tres escaños en el Parlamento, donde el PSG junto con Esquerda Galega irrumpieron con éxito.

Tres años después de la primera escisión, la UPG sufriría otra fuga en sus propias filas. El Partido Comunista de Liberación Nacional nacía a la vida política, para paradójicamente recalar en un Bloque que escenificaba un viaje hacia el centro para sacudirse los demonios que Fraga aseguraba divisar en su órbita. La tensión se hizo insoportable y el PCLN acabó también por abandonar el BNG cuando apoyó a Herri Batasuna. La Frente Popular Galega sería el nuevo marco de los escindidos.

Integraciones y escisiones

Pero la historia del BNG no solo se compone de abandonos. Es un big bang continuo, como ayer se puso de manifiesto en la Facultad de Económicas. Se destruye para acabar integrando partículas desgajadas y generar otra vida.

Eso es lo que ocurrió en 1991. cuando la atracción que provocaba el frente a su alrededor atrajo a la «casa común» al Partido Nacionalista Galego-Partido Galeguista y a Inzar. En el 93, Unidade Galega (reconstrucción del PSG-EG) contribuyó a simplificar una vez más la sopa de letras del nacionalismo entrando también en el BNG.

Luego se iría Primeira Linha y más recientemente Movemento pola Base, que hasta este año había sido la última escisión dentro del BNG. En el 2006, miembros de la UPG y del sindicato CIG pugnaron por hacer virar más a la izquierda a la organización nacionalista. Tras no recabar suficientes apoyos, abandonaron el frente, no sin librar antes una disputa con parte de sus compañeros, generando una nueva bifurcación. Los que se quedaron dieron lugar al Movemento Galego ao Socialismo.

Cuando la organización nacionalista tocó poder en la Xunta por primera vez en su historia, se generó un nuevo terremoto interno, al crecer el desencanto por no ver parte de la militancia la huella de su proyecto en la acción de gobierno. Nace entonces Encontro Irmandiño para aglutinar parte de ese descontento, no sin antes causar una escisión en su marca matriz, Esquerda Nacionalista, cuando esta prescindió de Xosé Manuel Beiras.

Lo que resta de la historia del Bloque son ya los capítulos actuales de las reformas y obras todavía sin concluir ante el goteo de bajas que en las últimas semanas ha generado la marcha de Esquerda Nacionalista, y la que antes de final de mes llevará a cabo formalmente el PNG-PG, además de la reciente disolución de Inzar, cuyos integrantes acabaron en Máis Galiza antes de la nueva escisión en la casa nacionalista, que continúa su transformación y reformas desde su inicio hace 30 años.