análisis

El futuro del nacionalismo se atasca en la puerta de salida del BNG

Máis Galiza debe tomar en las próximas 40 horas una decisión: marcharse, quedarse o ambas cosas a la vez.

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El nacionalismo gallego está inmerso en un novedoso proceso de transformación, posiblemente el más importante desde la asamblea fundacional del BNG de 1982, provocado tras la simbólica escisión del frente nacionalista de Xosé Manuel Beiras y los suyos. Que la fuga de la imagen más reconocible del Bloque pueda tener mayor o menor relevancia lo va a decidir el colectivo Máis Galiza, que encabeza Carlos Aymerich, y que en las próximas 40 horas está llamado a tomar posición en favor de marcharse, quedarse o ambas cosas a la vez.

¿Qué coste tuvo hasta el momento la escisión de los «irmandiños»?

El Encontro Irmandiño (EI) de Beiras es una fuerza integrada por 450 personas, según esta organización, si bien en el BNG sostienen que solo 180 tenían carné del Bloque. Por tanto, para una fuerza que dice contar con casi 9.000 afiliados, pese a que en la última asamblea solo movilizó a 4.500 personas con sus cuotas al día, la escisión sería asumible si no fuera por el cariz simbólico del escindido, que en caso del PSOE equivaldría a Felipe González, y en el PP, al desaparecido Manuel Fraga.

¿Hay riesgo de nuevas escisiones?

La de los irmandiños no ha sido la única. Se vio acompañada de los acuerdos tomados para abandonar el BNG por parte de Esquerda Nacionalista (EN) y el PNG-PG, dos partidos minúsculos que, en conjunto, no tienen el peso del EI de Beiras. En cambio, la verdadera escisión que lleva sufriendo el BNG desde que perdió el mando en la Xunta es el goteo de bajas de militantes, unas veces tramitadas y otras no, pero que en todo caso desvincularon de la organización a centenares de personas.

¿Puede Máis Galiza franquear también la puerta de salida?

Este colectivo, que dice tener un millar de militantes, aunque otras fuentes del BNG lo rebajan a la mitad, es muy difícil que pueda tomar una decisión unitaria, pues buena parte de sus dirigencia se inclinan a priori por seguir en el BNG, mientras desde sus bases claman más por la salir de la casa común. El reto de convertir los dos sentimientos en una posición común es complejo, es la «cadratura do círculo», como dijo uno de sus alcaldes, pero mañana podría empezar a perfilarse en la reunión que celebrará el consello político nacional de Máis Galiza.

¿Qué puede salir de la reunión de la cúpula de Máis Galiza?

En este colectivo existe un amplio consenso para conformarse como un partido. Y ese es, de puertas adentro, un buen punto de partida para plantear después si su futuro debe estar dentro o fuera del BNG. Pero lo más importante es analizar las condiciones. Máis Galiza, si se queda, quiere compartir mando, pese a que el mando está ya compartido.

¿Qué puede ofrecerle el BNG a Máis Galiza para evitar la ruptura?

En estos momentos, con la dirección renovada hace tres semanas, más bien poco. La UPG y sus directos aliados copan los cargos más representativos del BNG y el alcalde de Castrelo de Miño, en una reunión mantenida con Jorquera, llegó a suscitar la posibilidad de repartir algún puesto, forzando por ejemplo la dimisión de Guillerme Vázquez como portavoz nacional. La idea no gusta a casi nadie, desde luego la UPG la desdeña. Así si no arbitra una gran solución al gran problema que tiene, poco más le queda que volver a repartir naipes en la ejecutiva para intentar contentar.

Aymerich, con Sandra González, alcaldesa de Tomiño. paco rodríguez
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