El ADN del cuerpo que apareció el domingo flotando en la bahía del Orzán se comparará con una muestra de sangre que Peter Velicky, el padre del joven eslovaco, dejó durante su viaje a A Coruña el pasado 30 de enero, tres días después de la tragedia. Todo parece indicar que el cadáver pertenece a Tomas Velicky. No obstante, la Delegación del Gobierno en Galicia espera que entre hoy y mañana se tengan los resultados de las pruebas para dar un confirmación oficial. Aunque cuando el nivel de veracidad es del 99 %, «sería una sorpresa que la muestra de ADN contradijera ese 1 %», señaló ayer el catedrático emérito en Medicina Legal, Luis Concheiro.
Este experto en Medicina Forense explicó también que lo normal que estos análisis se prolonguen hasta una semana, pero en un caso así, donde existe cierta urgencia en conocer los resultados, «en tres o cuatro días se pueden tener resultados fiables si existe un elemento de comparación fiable».
El procedimiento a seguir en casos como el de Tomas Velicky, donde el cuerpo recuperado está en avanzado estado de descomposición, y por tanto no es posible identificar el cadáver a simple vista, comienza por ver si el cadáver tiene algún elemento característico, como pueden ser anillos, prendas de ropa o etiquetas en algún idioma determinado. Si este primer paso no fructifica se intenta obtener las huellas dactilares, que de acuerdo con la legislación europea todos los países tienen obligación de almacenar con los documentos de identidad correspondientes. En caso que estas estén deterioradas o sea imposible obtenerlas, se opta por el estudio odontológico. «Se intenta conseguir la ficha dental, en este caso ver si este joven seguía algún tratamiento en su país de origen, o si llevaba prótesis o relleno en alguna de la piezas dentales», señaló Concheiro.
Análisis con unos marcadores
Por último, en caso de que las tres pruebas anteriores fracasen, se decide realizar las pruebas de ADN, como ha sido el caso. Lo normal, según explica Concheiro, es que se tome muestra de algún familiar cercano para compararlo con el ADN extraído del cadáver. «Las comparaciones con los objetos personales que el fallecido tuviera en su casa no se suelen utilizar porque son poco fiables. ¿Quién dice que el cepillo no lo hubiera utilizado otra persona? Estos análisis son más propios de una investigación criminal», apuntó.
Las pruebas en sí consisten en analizar con unos marcadores ambas muestras genéticas, para obtener unos grupos y unas frecuencias, similares a las de los grupos sanguíneos pero más complejas. Cuando la coincidencia es superior al 99 % «se da por probado, aunque no llegue al cien por cien». Sobre todo, matizó, cuando no existe una situación de conflicto como una prueba de paternidad que puede llevar implícita una retribución económica.
El estado en que apareció el cuerpo, que a falta de los resultados definitivos podría ser el del joven Tomas Velicky, es «normal» después de pasar 21 días debajo del agua. «El agua salada y las bajas temperaturas hacen que el cuerpo se conserve mejor, pero se ha producido un fenómeno de maceración, como cuando sumergimos las manos un buen rato, elevado a la máxima potencia, que ha producido la pérdida de las huellas, lo que sumado al ataque de la fauna marina y al golpeteo progresivo de las rocas terminó por deteriorar todo el cuerpo», señaló, al respecto, el experto en la materia.