La menor comenzó a estudiar muy tarde, a los diez años. Al principio acudía a clase muy ilusionada. Le gustaba aprender. Pero pronto se convirtió en la comidilla de algunos de sus compañeros. Se burlaban de ella porque era gruesa y gitana. El colegio dejó de gustarle. «Era la más grande de clase y me llamaban ballena», dijo.