Galicia es diferente. Como las cosas no son lo que eran (en la Moncloa está Rajoy) y no son como Feijoo preveía que fuesen (la auténtica ola de frío siberiano son 271.000 gallegos sin trabajo), el presidente de la Xunta ha puesto en marcha su particular primavera árabe... en invierno. Primero, fusionando consellerías, una crisis de Gobierno a la que siguió la de los chiringuitos, cerrada muy en falso, y otra de los pluses de altos cargos, hoy un poco más bajos, aunque solo, y es otro escandaloso cierre en falso, temporalmente. La primavera de Feijoo continuó el viernes con una propuesta a los funcionarios para que, unos voluntariamente, otros a la fuerza, se automutilen en aras de un extraño interés general... En esta primavera árabe planificada para cambiarlo todo o para dejarlo todo igual, eso ya se irá viendo, suena de fondo la música de un adelanto electoral que Feijoo rechaza de puertas para afuera, porque, sostiene, sería jugar con ventaja frente a una noqueada oposición, y porque lo que toca es «gobernar, desgastarse, y no ganar elecciones». Lo que Feijoo dice de puertas para fuera sería digno de elogio pero, viniendo de un político, hay que tomarlo con reservas. A lo que él piense de puertas para adentro se le pueden dar muchas vueltas. Las mismas que, yendo las cosas como van, él mismo, cual Hamlet, y opinen lo que opinen los gallegos, le estará dando: «Adelantar o no adelantar, he ahí la cuestión»...