El apoyo de los gallegos a sus antiguas cajas de ahorros es descomunal. Desde que se inició el tormentoso proceso de «fusión sí, fusión no» ya han pasado cuatro años y cada día desde entonces han escuchado todo tipo de barbaridades. Desde las realizadas por antiguos exdirectivos a aquellas que protagonizaron líderes políticos que eran capaces de intentar convencer de disparates atroces con tal de meterle una puñalada trapera al contrincante. A los gallegos tampoco les fue ajeno el papel que jugó el Banco de España, con su gobernador exigiendo rebajas de sueldos a los asalariados de este país, mientras se ponía una venda en los ojos cuando un alto ejecutivo de una «minicaja» se firmaba un sueldo de 900.000 euros al año.
Tras ser testigos de esta historia, hay una minoría de gallegos que ya deben de estar hartos y piensan que se debe entregar la entidad a la gran banca. Poner punto y final a este proceso y mirar hacia adelante.
Sin embargo, sigue habiendo una mayoría muy importante de ciudadanos que defienden un territorio con autonomía financiera. Se comprueba, además, que es en la provincia de Pontevedra donde ese respaldo es más abrumador. Tener una entidad financiera propia da a Galicia poder de decisión. Es como tener o no tener nómina o patrimonio. El dinero no tiene patria, es cierto; pero sin dinero, no les quepa duda, no se hace patria.