En el Congreso Nacional de Acuicultura del año 2007 presenté una ponencia cuyo título, Un sector en la encrucijada, describía el estado por entonces de esta industria. Cinco años después, la situación apenas ha variado, y el sector sigue expectante mientras distintas Administraciones debaten sobre su regulación, en un largo proceso impulsado con gran esfuerzo desde la consellería del ramo, frente a otras dependencias reacias a entender la enorme potencialidad de creación de riqueza que las distintas modalidades de acuicultura marina y fluvial pueden reportar a una región que tiene condiciones naturales, tecnología y formación para ser líder europeo.
Estos días se ha aprobado el plan estratégico del sector, antesala de otros instrumentos de ordenación. La Comisión Europea se muestra cada día más decidida a impulsar la acuicultura, harta por fin de ver cómo el 70 % del pescado consumido por los europeos se pesca o se cría fuera de la UE. Bienvenido sea.
Pero ahora entramos en otra fase, que requerirá tramitaciones ágiles y exigencias realistas, compatibles con la sostenibilidad económica de las explotaciones; es decir: una apuesta firme de las Administraciones. Esperamos que la expectativa ahora creada pueda dar su fruto.