El Tribunal Supremo acaba de dar la razón a un grupo de seis vecinos de Redes, pueblo pesquero de Ares, que en el 2005 decidieron recurrir a la Justicia para denunciar el deslinde de Costas, que dejaba parte de sus propiedades dentro del dominio público marítimo-terrestre. Su recurso de casación ha sido admitido, por lo que el Ministerio de Medio Ambiente deberá no solo repetir el deslinde, sino justificar la necesidad de proteger ese tramo de litoral.
Este veredicto supone un precedente para los afectados por la Ley de Costas y sienta jurisprudencia. Carlos Seoane, de Concheiro y Seoane Abogados -que llevaron el proceso judicial- explica que no es el primer caso en el que se anula un deslinde de Costas, pero lo novedoso de esta sentencia son los motivos que tiene en cuenta el tribunal. «Se obliga a la Administración a justificar por qué se debe proteger ese tramo», señala.
Tras agotar la vía administrativa, seis vecinos -en total son una docena las casas afectadas, pero no todos decidieron recurrir a la vía judicial- presentaron un recurso en la Audiencia Nacional, que fue desestimado. «En el 90 % de los casos de deslindes, se da la razón a Costas, y cuando la Audiencia Nacional desestima un recurso, que el Supremo te dé la razón es aún más complicado», destaca Seoane. Aún así los vecinos lo lograron. El Supremo ha tenido en cuenta el carácter pintoresco del pueblo de Redes, ya que las casas afectadas, antiguamente de pescadores, se ubicaban en la misma orilla del mar porque los marineros amarraban históricamente sus embarcaciones a la puerta. También basa su decisión en que la línea de Costas secciona «de forma desigual y quebrada» los patios y terrazas de las viviendas, afectando en algún caso solo a medio metro.
Pese a ser un proceso largo y tedioso, y haber perdido en primera instancia, los vecinos -José Manuel Naveiro, Luisa Permuy, Rosario Amado, María Aurelia Piñeiro, José Antonio Vilar y Antonio Veiga- nunca perdieron la esperanza. «Siempre pensamos que alguien con sentido común vería esto», dicen.
Tiene en cuenta que históricamente los pescadores amarraban sus barcos a la puerta
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