¿Les parece divertido?


uchos piensan que las novatadas universitarias son unas divertidas bromas juveniles que cumplen la función de acoger a los nuevos alumnos y facilitarles el hacer «amigos». ¿Qué piensan ustedes? ¿Les parece divertido que te pongan de rodillas, te metan un embudo en la boca y te echen vodka a chorro hasta que caigas rebozado en tus propios vómitos? ¿Les parece integrador que te usen de asiento, que te pongan grapas en la piel o te den una ducha de agua fría y te obliguen a pasar la noche, mojado, en un balcón? Sin duda, debe de ser divertidísimo, lavarse los dientes con la escobilla del váter o que te pongan un pañal y te echen cuesta abajo, metido en un contenedor de basura.

¿Por qué los nuevos estudiantes no se niegan? Los novatos no se mueven en un espacio de libertad, sino de acoso y coacción. Oponerse significa, como mínimo, ser excluido del grupo (una de las cosas más temidas por los jóvenes), significa ser el débil, el cobarde. Ser valiente, para ellos, no consiste en plantar cara, consiste en aguantar, como se ha hecho siempre. No aguantar, además, significa sufrir represalias. Muchos novatos no hablan del tema, solo desean que pase el tiempo rápido y, sin darse cuenta, desarrollan una especie de síndrome de Estocolmo que los lleva a considerar normal lo sucedido, a simpatizar con quienes los han maltratado (que, por fin, los aceptan en el grupo) y a rumiar su venganza con los próximos novatos.

Pero la principal razón para que los chicos no se opongan a estos actos violentos es la permisividad social. Como sucedía hasta hace poco con el maltrato de género, no hay una auténtica sensibilización sobre el problema. Con nuestra actitud pasiva damos a entender que esto es normal, que es una tradición. Mientras nos parezca bien que pongan en fila a un grupo de chicas en la Gran Vía de Madrid y haya gente que pague un euro por tirarles un tartazo a la cara, el feo asunto seguirá creciendo.

Las novatadas encubren una forma de maltrato, y el maltrato no es ninguna broma. Siempre implican el adueñarse de la voluntad de otro. Incluso en los casos en que una novatada se considera más inocente, como convocar una batalla entre varios colegios mayores, los chicos pueden resultar seriamente lesionados, como acaba de ocurrir. Y es que hace tiempo ya que el sentido común desapareció del mapa de las novatadas. Cuando suceda algo irreparable, nos llevaremos las manos a la cabeza. Termino con unas palabras de J. Sanmartín: «¿En qué tipo de sociedad vivimos, qué tipo de educación estamos dando a nuestros niños y adolescentes para que alguno de ellos encuentre en el dolor ajeno una salida a su aburrimiento?». Correo: nomasnovatadas@hotmail.com

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