«¿Pero aquí dónde demonios estamos, en Biafra ?o en la capital de una autonomía »


«¿Pero aquí dónde demonios estamos: en Biafra o en la capital de una autonomía histórica? Estos tipos [los controladores aéreos] son unos cafres. Pobrecitos ellos, querrán cobrar tres millones al mes en vez de dos...». Hacía un suspiro que habían dado las cinco y media de la tarde en Lavacolla cuando ayer Roberto, un ejecutivo madrileño afectado por los cierres parciales del cielo gallego, vociferaba eso ante quien se brindara a escucharlo. Uno, dos tres... Con esa copla le fue a cuatro compañeros de desdicha. «Nosotros -relató un andaluz de nombre Rodrigo y cliente de otra compañía- estábamos ya subidos en el avión para salir y de repente nos han mandado bajar porque justo empezaba en ese momento otra huelguita de esas que se traen entre manos».

Tan o más contrariada que aquellos, si bien más serena, una compostelana que solicitó no ser identificada acertó a reflexionar: «¡Menudos pájaros! Hay parados por un tubo que no fastidian a nadie y estos, que están forrados, tienen la indecencia de ponerse a llorar. Aunque parte de la culpa también la tiene el otro [el ministro de Fomento]. Me dirijo a Pepe Blanco, apunta: ''O les metes mano ya de una vez por todas o ten el valor de aceptar que no eres capaz de solucionarlo y dimite, vete a casa''». Mientras ella terminaba su discurso, de fondo se oía a un hombre -móvil en mano- lamentándose. «¿Para qué voy a poner quejas si no sirven de nada? Lo que había era que plantarles un querellón. Y a lo mejor se lo meto», espetó a su interlocutor.

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