«Que lo paguen con quienes mandan, no con nosotros»


santiago/la voz.

La primera conclusión que se puede extraer de un reportaje de campo en el aeropuerto de Lavacolla es, sin duda, que los controladores aéreos necesitan de urgencia una campaña de imagen. Cuesta tanto encontrar a un pasajero que entienda sus medidas de presión que la captura de testimonios está condenada al desequilibrio. «No tienen ninguna razón y, si la tienen -decía un viajero que se disponía a facturar sus maletas en el mostrador de Iberia-, que lo paguen con quienes mandan, no con nosotros».

A primera hora de la tarde de ayer la situación era de casi normalidad. Pero el pasaje de los distintos vuelos iba llegando con tiempo de más a la terminal y con la mosca detrás de la oreja. «No tengo claro que salgamos a tiempo. Los tableros de información no recogen ninguna incidencia a esta hora, pero me consta que el vuelo de Palma va a salir tarde», explicaba otro usuario.

Efectivamente, aunque las enormes letras amarillas de los paneles no decían nada, el vuelo BER 7523 de Air Berlin, previsto para las 17.15, tenía previsto el despegue para las seis de la tarde. Pablo Hervella, compostelano que trabaja en Zúrich, se mostraba preocupado ante la posibilidad de perder el enlace desde Mallorca a Suiza. «Confío en que el otro vuelo espere», decía su padre.

«Yo me quedo tranquilo una vez que anuncien el embarque. Mientras eso no ocurra no las tengo todas conmigo», añadía María G., pasajera de otra línea regular.

Aunque el ambiente de la tarde no estaba excesivamente caldeado y la calma era relativa, bastaba mentar a los controladores para que casi cualquier persona que llevara una maleta pusiera cara larga o se palmeasen la cara con una mano, caso de una mujer de pelo blanco. A los viajeros, en general, no les vale la problemática laboral como excusa. «Yo también tengo problemas en mi trabajo, puedo quedarme en el paro mañana y, sin embargo, tengo que cumplir sin perjudicar a nadie». Rictus. Ni siquiera cuando se le plantea a los viajeros el argumento de la seguridad aparece alguno que se ponga de parte de los controladores. «Por mí, como si ponen a militares. Que se arreglen de una vez», decía Carlos. A las puertas de las Navidades, el miedo está, literalmente, en el aire.

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