Un complejo de ocio cuya forma y explotación están aún por determinar


AS PONTES/LA VOZ. 20/06/2010 02:00 h

Tres señores con pinta de prejubilados en una rotonda frente a la despampanante chimenea de As Pontes.

-¿Me puede indicar por dónde se va a la mina?

-¿A la mina? ¡Ja! Lo tiene difícil. Como no se quiera sumergir 200 metros en el agua...

El trío se monda de risa antes de señalar los mejores puntos desde donde observar el lago que les ha brotado allí mismo, donde trabajaron toda su vida. Cada vez es más fácil acceder a su asombrosa irrupción en el paisaje, que ya ha dejado muchas bocas abiertas tras la apertura del tramo de la autovía Lugo-Ferrol que discurre justo a su lado. Francisco Aréchaga, el director de la mina, lo admite sin orgullo. Probablemente hubiera preferido una puesta de largo algo distinta. Dentro de unos días tendrá un aperitivo más especial: la tala de la arboleda que tapa la visión del hueco desde As Pontes y que dejará definitivamente al pueblo frente a su nuevo paisaje: el lago, su lago.

Todavía quedará una valla metálica delimitando el acceso a la enorme propiedad de Endesa. Pero, en cuanto el lago esté lleno, pasará al dominio de la Xunta, que deberá establecer qué aprovechamiento hará de semejante espacio. Desde que Endesa decidió seguir adelante con el plan de llenado del hueco para restaurar la mina, las especulaciones sobre su aprovechamiento han sido diversas. En algunos puntos de Alemania, donde ya se llevaron adelante experiencias similares, los lagos artificiales se convirtieron en complejos de ocio turístico con una espléndida acogida. Sin embargo, se trataba de minas muy alejadas de la costa, donde la aparición del lago ofreció una alternativa que atrajo un importante número de turistas. En As Pontes, las posibilidades de turismo náutico son mayores. La costa no está tan lejos. Pero las potencialidades turísticas del nuevo lago son golosas.

Otro aspecto en el que la potencia del lago implicará cambios será en las condiciones climatológicas de su entorno más cercano. Pese a las especulaciones sobre el aumento de los días de niebla que podría acarrear el lago, los expertos consideran que el efecto será inapreciable en ese sentido y que, en cualquier caso, harán falta aún unos cuantos años para poder determinar ese efecto que, de momento, nadie ha apreciado. Eso sí, tantos hectómetros cúbicos de agua tendrán un efecto en la temperatura. El agua del lago se mueve entre los 9 y los 24 grados. Fuera de ese arco, la masa de agua atempera. En un día en el que la temperatura fuera de un grado, los nueve del lago contribuirán a calentar su entorno. Y en uno muy caluroso producirá el efecto contrario.

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