Donde Galicia limita con el Manzanal

La cercanía con la comunidad gallega hace que los bercianos miren más al oeste que a León o a Valladolid


12/04/2010 02:00 h

Una furgoneta de venta ambulante llega a Pedrafita. Viene de «A Veiga», la de Valcarce. El marido de Adela Busto, la comerciante, tiene una carnicería. Pero también se dedica al pescado. Lo reciben cada día de A Coruña, en el camión que lleva el producto desde la lonja hasta Ponferrada. Luego lo reparte por Vega de Valcarce, Pedrafita y As Nogais, un ayuntamiento de León y dos de Lugo. Adela nació en una aldea de O Cebreiro, en O Lago, pero hace 15 años que vive en Vega, desde que se casó. «Ao estar tan cerca mezclámonos moito. O único problema que temos é que en casos como este do peixe hai moita burocracia porque tiven que darme de alta tamén aquí na Xunta», cuenta. No es la única que, en un área en la que no hay sentimiento de frontera, ha cambiado el padrón de Galicia a Castilla y León. Los últimos datos sobre migraciones del Instituto Nacional de Estadística, del 2008, muestran cómo 719 leoneses fueron empadronados en Galicia. El flujo en dirección inversa alcanzó las 608 personas.

Pero aunque no figuren en los registros oficiales, el movimiento entre comunidades es diario. Hay habitantes de Valdeorras que trabajan o hacen compras en Ponferrada. Las consultas en hospitales privados también tienen muchos usuarios gallegos. Una buena razón para hacerlo son los veinte minutos que separan al concello gallego de la capital del Bierzo, ciudad con 68.736 habitantes, la mitad de los que viven en los 38 ayuntamientos que componen la comarca berciana. Y es que algún municipio no llega a los 400 vecinos.

Ponferrada, donde están todas las Administraciones, ejerce también como núcleo en torno al que han ido incrementando su volumen poblacional otros concellos como Cacabelos o Camponaraya. En ese círculo está uno de los barrios ponferradinos con mayor presencia de gallegos. Es Cuatro Vientos. Buena parte de sus habitantes dejaron las aldeas de concellos como Becerreá, As Nogais o Pedrafita para mudarse allí en los años sesenta y setenta del siglo XX. Basta con cruzar por la calle principal para toparse con sucursales del Banco Pastor o Caixa Galicia o un supermercado Claudio.

Pueblos en el oeste

Por contra, los que han visto cómo adelgazaban sus censos son los ayuntamientos más occidentales de la comarca, los que limitan con Galicia confundiendo su paisaje arquitectónico con el de las poblaciones de la alta montaña lucense. La orografía berciana se asemeja más a la gallega que a las llanuras castellanas más allá del alto del Manzanal. Y el feísmo que muestra paredes con ladrillos al descubierto y uralitas como tejado también está presente aquí.

La despoblación rural está estrechamente ligada con la pérdida de gallegohablantes en el Bierzo. Al menos eso es lo que explica el historiador berciano, José Antonio Balboa, que apunta la estrecha vinculación que ha habido entre ambos territorios. «La influencia de monasterios como el de Sobrado dos Monxes o el de Samos, que tenían propiedades aquí, o a la inversa como el ubicado en Carracedo, que tenía filiales en Galicia, contribuyeron a unir lazos. Lo mismo ocurría con el comercio de vino, que tenía como mercado el territorio gallego, y las ferrerías», comenta.

Pero esa estrecha relación, a su juicio, parece haberse diluido un poco con la puesta en marcha del Estado de las autonomías. «Ha roto, en cierto modo, gran parte de la relación que había. Profesores que antes podían optar a una plaza en Galicia, ahora aguardan porque tienen que conocer el idioma. Antes también había muchos estudiantes en Santiago, pero ahora van menos a Galicia al poder ir a estudiar a León», explica.

Pese a todo, en general, los bercianos acostumbran mirar hacia Galicia antes que a León o a Valladolid. Al margen ya de colectivos como la asociación Escola de Gaitas de Villafranca, que tratan de recuperar la cultura gallega en el Bierzo, una prueba de esa relación es la presencia de TVG en los hogares de la comarca. «Es algo que veía prácticamente todo el mundo, el idioma es fácil de entender y la cercanía hacía que el informativo fuera interesante», explican en un bar de Villafranca.

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