La prosperidad que no se ve

Las hidroeléctricas, nulas en la creación de empleo, apenas inciden en la riqueza real del pueblo con mayor PIB de Galicia


22/11/2009 02:00 h

En algunas zonas del concello de Vilariño de Conso da la impresión de que hay más postes eléctricos que árboles. Las líneas salen por todos los lados y rayan buena parte del territorio que no fue anegado por los embalses. Y hay tres en un ayuntamiento de 200 kilómetros cuadrados. El de Cenza, íntegramente en los límites municipales; el de Portas, cinco veces mayor, también casi entero en el concello, y la cola del de O Bao. Tanto terreno bajo las aguas y la instalación de dos centrales hidroeléctricas han disparado a Vilariño hasta el primer lugar en el ránking de los concellos más productivos de Galicia. Eso y la caída de población.

Solo hay siete municipios en Galicia que tengan menos habitantes que Vilariño. Así que tocan a un montón de kilovatios por vecino. Y de euros, porque las hidroeléctricas ingresaron el año pasado en las arcas municipales unos 800.000 euros en concepto de canon. «Isto é un desastre -se queja Ricardo Núñez, un vecino de 59 años que trabaja en Correos-. Se case repartindo os cartos do canon entre todos xa podiamos deixar de traballar. E mire, hasta o desaugadoiro tiven que facelo eu pola miña conta. Será o pobo máis rico de Galicia, pero para min é o máis pobre».

Como subrayan algunos paisanos, el lujo se aprecia en tres puntos: la playa fluvial y el área recreativa; la suntuosa casa consistorial y una fabulosa red de carreteras que, en alguna medida, se ha convertido en una trampa. En el año 2000, Iberdrola cedió el poblado abandonado para la construcción de una residencia de la tercera edad. Y, a cambio, empaquetó al concello una red de pistas que ahora el ente municipal se ve negro para mantener. Para colmo, la residencia no llegó a hacerse.

«As migallas»

Por el pueblo, estratificado en alturas, hay algún negocio, gente por las calles, un par de bares y un colegio con 25 niños, el verdadero lujo de Vilariño: «Aquí hai xente por decisión propia, non porque haxa emprego. Iberdrola só dá as migallas». Lo dice el director del colegio, padre de dos alumnos y concejal del BNG, testigo del extraño episodio municipal acaecido en esta legislatura, la primera que no ganó Ventura Sierra. La alternancia solo duró dos años. Las desavenencias entre el nuevo alcalde y su propio grupo provocaron la dimisión del regidor del PSOE y el regreso de Ventura: «Eu estou aquí porque non tiven máis remedio», dice ahora el alcalde, que no se corta al vaticinar el futuro del pueblo: «Véxoo bastante negro».

En todo el concello de Vilariño, solo un vecino trabaja hoy para las hidroeléctricas. «O recurso económico da xente son as pensións», explica un buen conocedor de la economía local que prefiere permanecer anónimo, «pero non se crea iso de que a renda media é de 13.531 euros. É moito máis alta; por encima dos 15.000». Algo de razón tendrá cuando en un concello de apenas 700 habitantes coexisten oficinas de las dos cajas gallegas. Tal vez las hidroeléctricas sí dejaron algo de riqueza al fin y al cabo, aunque solo fuera por las tierras que compraron para ser luego anegadas: «Aquí case non houbo expropiacións. A maioría das terras vendéronse de mutuo acordo».

Probablemente, buena parte de aquellas pesetas se convirtieron en euros en esas oficinas, donde duermen el sueño de los justos. Pero esa es una riqueza que no se ve ni genera más riqueza para el pueblo. Está tan anegada como el 7% del territorio municipal, incluido un valle glaciar único en Galicia.

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