El pazo que ganaron las madres contra la droga

Las mujeres que en 1994 aporrearon las puertas del símbolo de ostentación de Laureano Oubiña volvieron ayer a Baión. Esta vez, por la puerta grande. «Sen tirala, así me gusta», gritaba una de ellas


La historia de la conquista del pazo de Baión es la historia de Maruja Aragunde, una cambadesa de 67 años que perdió un hijo por problemas con la droga. También, la de Laura García, que hoy puede presumir de nieta porque su hija logró desintoxicarse. Todas lloraron ayer al atravesar las puertas del pazo de Baión, esa finca que un día ellas mismas convirtieron en emblema de su lucha. Ese espacio en el que Laureano Oubiña quiso construir su imperio y que ellas rodearon una mañana de 1994 para gritar «¡Basta ya!». Ayer volvieron a concentrarse ante sus puertas, pero con un motivo distinto: celebrar que la finca ya nada tiene que ver con ese hombre al que consideran culpable de todas sus grandes desgracias familiares.

Las autoridades quedaron en un segundo plano. Las verdaderas protagonistas fueron las madres. Su opinión pudo escucharse a través de las palabras de Carmen Avendaño que, una vez más, volvió a ejercer como portavoz del movimiento asociativo de lucha contra la drogadicción. «Hoxe é un día feliz que tiña que ser de moita alegría», explicó Avendaño a las puertas del recinto. Recordó que muchas de las presentes habían estado allí solo unos años antes intentando tirar la verja, «cando eu tratei de convencervos de que ese non era o método, de que viviamos nun Estado de dereito e de que todo isto chegaría a ser do pobo por todo o mal que tiñan feito», proclamó. Tuvo palabras de agradecimiento para las fuerzas de seguridad del Estado, para jueces y fiscales y para periodistas. «Quero felicitar a un periodista que con seriedade foi denunciando e facendo xustiza. A Julio Fariñas», afirmó en referencia al periodista de La Voz. Tampoco se olvidó de aquellos que cayeron en la pelea.

Avendaño abrió las puertas

Acto seguido, el portal del pazo se abrió para recibir a todos los presentes. Avendaño fue la primera en cruzarlo, no sin antes gritar «esto va por vosotras, abrimos esta puerta que es de todos». Entre el público, otra de las madres replicaba: «Sen tirala, así me gusta».

El pazo se vistió de gala para la ocasión. Globos blancos adornaban los árboles y paños del mismo color lucían en las ventanas de la antigua bodega. Sobre el escenario, un cuarteto ponía la música a unos vídeos con los que quiso recordarse la lucha de estas mujeres. Se las vio delante de las puertas, increpando a los narcotraficantes a su llegada al juzgado, asistiendo a los juicios. Se volvieron a escuchar sus cánticos. Esos que decían «no somos locas, ni terroristas. Somos madres». Y se volvieron a ver sus lágrimas. Pero esta vez eran de emoción, de alegría. No de impotencia, ni de rabia.

Llegó entonces el turno de las autoridades. La conselleira de Sanidade, María José Rubio, tuvo un especial recuerdo para las madres, a las que mostró su «admiración». El ministro de Sanidad, Bernat Soria, aseguró que «todos los días hacen historia, pero hay días que hacen más historia, como este». Añadió además que «es un honor estar hoy aquí» a pesar de no haber participado en el proceso de expropiación del pazo y que el candado que cerraba el viejo portalón «es hoy para vosotros», dijo. Por último, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, explicó que el de ayer era un día «cargado de especial simbolismo e tamén de sentimentos encontrados, de ledicia por unha etapa que se pecha, pero tamén de emoción e recordo polo sufrimento».

La lucha común

A la cita no faltaron la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Carmen Moya, ni el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, ni Carlos Bueren, ni representantes de la policía. No en vano, la de Baión fue su lucha común.

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