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Un discapacitado pide fumar marihuana para «seguir adelante»

Lucha para tomarla con fines terapéuticos en la residencia de Ferrol en la que reside


El inquilino de la habitación 516 del Centro de Atención a Minusválidos Físicos (CAMF) de Ferrol cultivaba marihuana en su armario hasta el pasado lunes. Juan Manuel Rodríguez Gantes, vecino de A Coruña de 32 años, lleva los últimos 17 postrado en la cama por una mala zambullida de cabeza. Admite que tenía las plantas y, es más, desea fervientemente que le permitan volver a cultivarlas.

Él afirma que no es una cuestión de vicio ni de adicción. Juan Manuel sufre dolor neuropático y dice que la marihuana le relaja, le permite «soportarlo y aguantar la depresión» y, por encima de todo, le ayuda «a seguir adelante todos los días». No fuma «muchísimo». Afirma que hace un uso moderado y que solo consume «tres o cuatro porros al día».

La otra opción para su dolor son «calmantes opiáceos muy fuertes». No le gustan: «Son adictivos y me provocan vómitos. Me dejan fuera de combate y me dañan el hígado y el estómago. No quiero ni oír hablar de tener que tomarlos para siempre».

Pero esos calmantes son legales y el cultivo de marihuana está reñido con la ley. Por eso el lunes pasado Juan Manuel tuvo que llamar a unos amigos «para que se llevasen las plantas». Le ocurre lo mismo «desde hace tres o cuatro años» en cuanto llega el otoño. La marihuana, tras el verano, comienza a oler fuerte y eso alerta al personal del centro en el que reside. A continuación llegan las órdenes para que las quite, pero afirma que esta vez ya no puede más.

Fue Fernando López Díaz, recién llegado a la dirección del CAMF, quien la semana pasada le pidió que quitase las plantas. Juan Manuel se negó, pero el gerente le explicó que no tendría más remedio que denunciarlo si no las retiraba. Sea o no sea calmante, la marihuana «no es legal y no hay una prescripción médica» que respalde los deseos de Juan Manuel.

El director prefiere «no valorar si la marihuana es una buena terapia o no», ya que afirma que carece de los conocimientos necesarios. Pero dice que el servicio de prevención de riesgos laborales levantó un acta sobre el montaje de la plantación, que tenía focos de luz para mantener vivas las plantas. Por tanto, afirma Fernando López, «no puedo, ni lo haría, hacer la vista gorda. Tengo unas obligaciones». La situación no cambiará, explica también, «a menos que exista un informe clínico» que respalde que la marihuana es beneficiosa para aliviar los padecimientos de Juan Manuel, quien ya cuenta al menos con el apoyo de su psicólogo, que, según él, «ha escrito una recomendación para que se me autorice el consumo y me ha dicho que está dispuesto a ir a juicio para declarar a mi favor».

Quizá los tribunales sean la única salida de Juan Manuel. Él sabe lo que quiere: «Que me autoricen el uso compasivo de la marihuana». No sería algo novedoso en España «porque en Cataluña y el País Vasco hay mucha gente que la utiliza así». Incluso se puso en contacto, cuenta, con asociaciones catalanas que le ofrecieron su apoyo, pero no cree que sus abogados puedan llevarle el caso por la distancia. Su objetivo ahora es localizar «una asociación o algo parecido en Galicia» que lo ayude a presentar los papeles y a hacer los trámites judiciales. Según le dijeron en Cataluña, debe ser uno de los primeros gallegos que va a intentarlo. Ahora bien, desde su cama de la habitación 516, adornada con carteles de Bob Marley, no parece que lo diga con ganas de querer hacerse el protagonista pidiendo esa autorización, más bien lo que ocurre es que, según sus palabras, la necesita.

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