Patricia Martínez ha tenido acceso a nuevos documentos sobre su padre, desclasificados recientemente

El espía vigués que ayudó a escapar a centenares de judíos

La hija del «agente 055A» prepara otro libro y un filme sobre Eduardo Martínez


Un médico vigués fue uno de los agentes secretos más destacados del Gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial. Eduardo Martínez Alonso, nacido en 1903, ayudó a escapar a centenares de refugiados que cruzaban los Pirineos huyendo de la ocupación nazi desde 1940 a 1944. La historia fue descubierta por su hija, Patricia Martínez de Vicente, antropóloga social, al tirar del hilo cuando se encontró con su diario personal doce años después de su muerte, sucedida en 1972.

Esta investigadora ofrecerá a las ocho de la tarde de hoy una conferencia en la sede de la Asociación de la Prensa de Santiago para hablar de las peripecias de su padre, que además fue perseguido por la Gestapo.

La trama la relató en su libro Embassy y la inteligencia de Mambrú , pero la reciente desclasificación de más de 200 documentos secretos del Registro Oficial Británico le ha aportado nuevos datos con los que tejer el argumento de una nueva obra que llevará el título de Agente 055A, su código de espía del SOE (Special Operations Executive), así como la preparación de una película para el cine.

Confidencialidad

El nuevo material le ha permitido confirmar que Eduardo Martínez tenía un compromiso escrito con el Gobierno británico para guardar la más absoluta confidencialidad sobre sus actuaciones.

Además ha desvelado que Franco conocía la existencia de las rutas de fuga a lo largo de la cornisa cantábrica, pero no las persiguió porque el mismo agente vigués coordinaba el envío de ayuda humanitaria por medio de la Cruz Roja. «Fue una especie de intercambio o soborno: ellos hacían la vista gorda y dejaban pasar a los refugiados, porque a cambio recibían medicinas y alimentos; durante aquellos años se enviaron más de dos millones de vacunas contra el tifus», comentaba ayer su hija.

Familia pudiente

Eduardo Martínez Alonso era miembro de una adinerada familia de Vigo y de pensamiento liberal durante la segunda mitad del siglo pasado. «Podía haber llevado una vida más acomodada, pero no lo hizo porque ejerció la medicina durante la Guerra Civil y quedó impactado por las atrocidades de la guerra», afirma Patricia Martínez.

Su abuelo, Antonio Alonso Santodomingo, era de Baiona y fue pionero en la industrialización conservera de la ciudad olívica con la fundación de la compañía Palacio del Oriente, que hoy en día sigue funcionando.

Terminó los estudios de Medicina en la ciudad inglesa de Liverpool, donde su padre ejercía como cónsul de Uruguay. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, quiso alistarse en el Ejército para luchar contra el nazismo, pero fue reclutado para los servicios de espionaje.

Más de 300.000 refugiados consiguieron huir a América por la Península gracias a 16 rutas de evacuación en España y Portugal. Entre 100 y 200 personas cruzaban la frontera francesa cada día. Eduardo Martínez era la conexión en Galicia. Los refugiados eran acogidos en su piso del centro de Vigo y en las diez habitaciones de su casa de veraneo en Redondela. De allí eran embarcados en el puerto de Vigo o bien cruzaban clandestinamente el río Miño desde Tui en dirección a Lisboa.

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