Un silbato para hacerse un lugar entre los grandes

Con solo 20 años, Manuel Casanova Cudeiro lleva 12 arbitrando y, tras un memorable ascenso a Tercera, el próximo curso pitará en 2.ª B.

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19/06/2017 05:00 h

Es la punta de lanza de la cantera masculina del arbitraje gallego, y formaba parte del programa de talentos de Tercera División después de haber protagonizado un meritorio ascenso con solo diecisiete años. Ahora, con veinte, ya sabe que pitará la próxima temporada en Segunda B, junto con su asistente, el también ourensano Abraham Pérez García. Optaron también a la plaza los gallegos David Iglesias Melón y Alejandro Ferreiro Méndez.

Para el delegado ourensano del Comité Técnico Gallego de árbitros, Claudio Cerdeira, no es más que la confirmación de una progresión el la que destaca del joven árbitro «el aplomo en el control del partido, transmitiendo veteranía a pesar de su juventud». Circunstancias aparte, como el modo de gestionar mentalmente su futuro, Manuel Casanova es una de las grandes esperanzas del arbitraje gallego para engrosar su presencia en Primera División. «Tenemos confianza plena en él», dice Cerdeira.

El joven colegiado recoge el testigo y lo demuestra con una dedicación plena que le ha llevado al tramo final para intentar el ascenso en los tres años que llevaba en Tercera. «Aunque no es poca cosa el ascenso, lo asume con normalidad debido a esa perseverancia. Física y técnicamente estará a la altura», zanja el delegado ourensano del Comité Gallego. Piensa lo mismo Casanova, que asegura estar en una nube. «Me llega en el momento en el que me tiene que llegar. Me acordé de lo trabajado y del año pasado, que no pudo ser», explica. «El esfuerzo extra que supone estar en el programa de jóvenes talentos no compensa si no consigues el objetivo, porque solo te quedarían las vivencias», añade, al tiempo que describe el arbitraje como un pasatiempo con alta exigencia y dedicación. «Ojalá pudiese dedicarme a arbitrar, pero nadie lo garantiza. La pregunta del millón es si llegaré a Primera. Lo que tengo claro es que quiero dedicarme a algo relacionado con el deporte. Por eso curso INEF», relata.

Le cuesta mantener el ritmo de viajes (aumentará en Segunda B) y la falta de descanso entre dos temporadas, pero se da por satisfecho con lo que le da esta disciplina: «Adrenalina y responsabilidad de controlar las emociones propias y las de 22 personas». La clave radica en los primeros minutos, incluso en la charla previa. «Te ven joven y te analizan. Intentar estirar hasta dónde pueden llegar. Es el momento de demostrar que hay un tercer equipo en el campo», zanja.

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