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Echanove: «Soy un Aries tan hiperactivo que no tengo tiempo para el rencor»

Ha vuelto al teatro para interpretar los «Sueños» de Quevedo, un autor que ha hecho varias veces en momentos de catarsis. Vehemente y sanguíneo, el actor ha pasado página de la polémica de «Cuéntame»: «Es algo desagradable que he superado»


Está de vuelta en el teatro y eso le ha cambiado la vida. Juan Echanove repite interpretando a Quevedo, un autor que sin saber por qué -confiesa- ha acabado por provocarle una especie de exorcismo, de regeneración vital. Echanove (Madrid, 1 de abril de 1965), que se define como sanguíneo, vehemente y pasional explica cómo ha sido su salida de Cuéntame y no deja pasar la oportunidad de recomendar sus preferencias gastronómicas cada vez que viene a Galicia.

-Está en el teatro haciendo de Quevedo y me ha sorprendido una frase en la que dice: «Me vas a interpretar, pero no te va a salir gratis». ¿A qué se refiere?

-Porque la obra requiere mucha implicación, habla de un personaje atenazado por el dolor y luego por sentimientos muy cercanos al momento de la muerte. Estamos contando los sueños que tiene el personaje, Quevedo, en el último momento de su vida comprobando su vigencia en el tiempo.

-También en un momento actual que sirve un poco como catarsis. ¿Le ha servido para encontrar paralelismos, salvando los siglos de distancia?

-Efectivamente, uno se plantea si Quevedo fue un visionario e imaginó una sociedad como la que vivimos o si por el contrario somos nosotros los que retrocedemos irremisiblemente al Barroco.

-¿Y con qué visión se queda?

-Yo vivo la realidad, yo no soy Quevedo, en lo que es mi vida convivo con una y con otra, convivo en mi día a día como cualquier ciudadano. Estamos en un momento muy delicado que tiene que ver con la pérdida de valores y eso es algo que es preocupante, no sé si tanto o menos que en el Barroco. Pero en la realidad que nos toca vivir es muy complicado, con movimientos sociales emergentes que son muy cercanos a los totalitarismos y eso me inquieta mucho.

-Quevedo en uno de sus sueños dice: todo es hipocresía. ¿Usted sigue siendo un soñador o ha perdido mucha inocencia?

-Yo tengo 56 y he perdido muchas cosas en el camino, no solo inocencia. He perdido amigos, familiares, y algún que otro sueño se me ha roto. Pero yo me sigo levantando todas las mañanas para construir.

-¿Tiene la fortaleza del optimista?

-No, del realista. Yo creo fundamentalmente en la implicación y el trabajo.

-Siempre se ha mostrado de una manera bastante natural, muy descarnada. ¿Eso le ha pasado factura?

-Yo creo que todo en la vida te pasa factura para bien o para mal, nosotros, los actores, somos personas que observamos la realidad y luego la aplicamos a los personajes, y por el hecho de ser actor también tengo mi opinión y a mí cuando me la preguntan suelo darla, pero de todo se cansa uno.

-¿Entonces de qué está cansado?

-No, que se trata de escuchar un poco lo que dice la gente, no solo lo que digas tú.

-La semana pasada nos levantamos con la triste noticia de la muerte de Carme Chacón, ¿la conocía?

-La conocía. A mí Carme siempre me ha parecido una persona maravillosa, pero maravillosa. Y alguien con tanto bagaje y tanto valor para la función pública me parece una pérdida terrible.

-Cuando sucede algo así, de repente todos giramos hacia lo esencial. ¿Se ha planteado alguna vez un cambio en su vida, sobre todo cuando su carrera fue trepidante?

-No, yo llevo trabajando casi 40 años, y no he parado un solo día. Es verdad que hay cosas que han tenido más visibilidad que otras, y que el teatro no tiene tanta visibilidad como la televisión. Pero los momentos de la vida que tienen que ver con la catarsis, los nacimientos y las muertes, te ponen delante un espejo en el que es difícil mirarse. Y como seres humanos que somos todos evolucionamos y tomamos decisiones no sobre los grandes temas de la vida, sino en la vida cotidiana, que yo creo que es lo que construye la gran vida. Los momentos de la vida cotidiana son los que dan definición a una vida mayor.

-No hubo un momento de tener que aflojar.

-No, para nada. Son cuarenta años trabajando y me siento muy contento y muy orgulloso. Mi entorno personal es un entorno magnífico, y cuando no lo ha sido, se ha arreglado solo por decantación de la coherencia. Tengo 56 años, estoy disfrutando con una obra magnífica, pero fundamentalmente comparto mi vida con mi mujer, mi hijo, mi familia, mis amigos y para mí esto es primordial en mi orden. Yo busco denodadamente la felicidad, no me gusta regodearme en la tristeza, aun cuando tenga que interpretarla en una manera tan descarnada como Quevedo.

-Y Quevedo ha sido el principio también.

-Sí, dos veces me ha tocado y otra lo he tocado yo. Lo primero que hice fue Inmortal Quevedo durante mucho tiempo por todos los pueblos de España, y eso me hizo profundizar mucho y leer mucho sobre su obra. Y luego apareció Alatriste hace unos años y también era un momento en el que volvía a trabajar, a relacionarme con Agustín Díaz Yáñez, y para mí fue una ventana abierta hacia un terreno en el que yo me movía muy bien a la hora de interpretar. Me elevó mucho porque tuve la ocasión de trabajar con Viggo Mortensen, que yo creo que es la persona más excelente que he conocido en mi vida. Es una persona extraordinaria. Y fue otro cambio, otra catarsis. Y ahora vuelve otra vez.

-Era necesario este cambio, le ha venido dado.

-Sí, yo haciendo Quevedo no había elaborado el pensamiento dentro de mí de: necesito hacerlo para provocar un exorcismo. Pero luego me he dado cuenta de que sí. Me pasan cosas en esta función que no me han pasado en otras y tienen que ver con una posición enormemente acogedora. Yo siempre he querido ir al teatro a trabajar, para mí es un momento verdaderamente mágico, pero ahora es una necesidad. Voy al teatro tres horas antes y me meto en el camerino y no hago más que mirar los minutos como si fuera un perro en un canódromo [risas].

-Le pone mucho, vamos.

-Básicamente, sí. Me pone mucho [risas] y le pongo mucho, le pongo toda mi vida. La única manera que hay de corresponder al teatro, algo que yo adoro, es entregándole todo lo que te ha dado. Y a mí me ha dado mucho, todavía no le he pagado ni el 10%.

-Siempre ha sido muy apasionado, un ser de fuego.

-Sí, interpretar sin pasión o vivir sin pasión no sé yo si merece la pena.

-Antes hablaba de Viggo Mortensen y de sus inicios. ¿Quién fue la persona que tiró de usted?

-Realmente yo estaba trabajando en El Escorial y un día en el estreno de un montaje coincidieron tres actores: José Luis Gómez, Jeannine Mestre y Manuel Galiana y los tres me dijeron que debía plantearme ser actor. A ellos les debo ese impulso, pero el cauce de mi estilo, de mi manera de interpretar o de valorar las cosas de la vida es Juan Diego.

-Está en un momento de teatro, ha hecho cine, todas las series («Turno de oficio», «Chicas de hoy en día», «Cuéntame»)... ¿Tiene alguna espinita clavada?

-Yo espero tener todo por hacer. No me gusta ponerme en posiciones de pasado, ¿eh? Yo espero de la vida por de pronto que sea larga y en lo laboral creo que con mi edad estoy en posición de interpretar los mejores personajes de la literatura teatral. También la edad juega a favor en el cine, suelen ser papeles más complejos cuanta mayor edad tienes. Yo no sé lo que va a venir en el cine, pero sí sé dónde está Shakespeare o Calderón. Hay todo un imaginario que siempre quise interpretar y ha vuelto a aparecer.

-Ha vuelto al teatro después de la polémica con «Cuéntame». No sé si le ha afectado a nivel personal o ha sido una piedra más en el camino, como algo desagradable que ha superado.

-Exactamente. Como algo desagradable que he superado. No comment, por mi higiene. Me he impuesto por mi higiene mental, como cuando me levanto por la mañana y me ducho. Yo creo que he pasado una pequeña temporada en mi vida mal, de decepción, que ya ni me acuerdo. Por otro lado no me gusta el runrún ni el racarraca continuo, porque yo tenía que expresar que el hecho de que yo dejara la serie no era por mi propia voluntad, y cualquier otra valoración más allá me parece una falta de respeto incluso para la gente que no se ha portado bien conmigo. Y yo no les voy a perder el respeto nunca, porque son grandes profesionales y seguramente hacen bien las cosas. No tengo nada que decir porque sería un desagradecimiento igual que el que se ha cometido conmigo. Yo no debo ponerme en el mismo sitio, pero uno deja de pensar en las cosas y entonces te dicen: ¿te acuerdas de esa serie, cómo era, una que iba de una familia...? [Se ríe] Ah, Cuéntame... Y, mira, me ha quitado un espacio de la cabeza que necesito para otras cosas. Es como si tienes un ordenador lleno y tienes que ampliar memoria. No lo digo desde el desdén, pero de verdad, cuando quitas algo que llena tanto tu cabeza te sientes muy liberado. Los ojos quieren ver más cosas, los oídos quieren oír más música, el alma quiere leer los grandes textos de la literatura. Y sobre todo uno quiere llenar los días de su vida de sonrisa y rodearse de amigos. A veces el trabajo tan continuado en una serie nos hace vivir como si no existiera otra cosa, con horarios que te apartan. Y cuando dejas de hacerla te sientes muy liberado.

-Se resetea.

-No exactamente, porque no quieres dejar de recordar momentos únicos, vividos dentro de la serie, momentos irrepetibles, personas a quienes has visto casi nacer, casarse, divorciarse, morirse. Son muchos años. Uno no puede hacer tábula rasa, no. Tonto sería aquel que en una experiencia tan trascendente se quedara con lo malo y no con lo bueno. Y yo me quedo con lo bueno siempre, sí. Yo no soy la madre Teresa de Calcuta, pero no me gusta convivir en el caos, prefiero el estado de limpieza y bienestar que creo que hay que fomentar, sobre todo cuando eres un afortunado de la vida. Pero un momento dado la indignación salta porque yo soy sanguíneo, vehemente, pasional y a mí me dura una semana.

-Un Aries no tiene rencor [risas].

-No, un Aries es tan hiperactivo que no tiene tiempo para el rencor. [Risas] No tengo ni tiempo ni salud para el rencor. Vivir en el rencor es de estúpidos.

-Siempre se ha sentido un afortunado, pero ha buscado la suerte.

-Sí, trabajo muchísimo, pero estoy siempre en continua evolución y buscando nuevos proyectos. Hace muchos años que descubrí que la mejor manera de vivir en una carrera actoral era pensando en provocar los proyectos, no esperar a que me llamaran por teléfono. De manera cauta, sensible y consciente, soy el regidor de mi propio destino.

-También se ha dedicado a hacernos disfrutar de la gastronomía.

-Y me dedico, por favor. Me dedico y me dedicaré a intentar convencer a mis conciudadanos de que los paraísos maravillosos no están a miles de kilómetros sino a la vuelta de la esquina. Lo único que hay que hacer es salir de casa y dejarse querer por lo que nos da la tierra, entendiendo al ser humano como parte de la tierra. Y lo mejor está en ese acto que repetimos tres veces al día que es comer y beber.

-¿Cuál es su comida fetiche?

-Tú estás en Coruña, ¿no? Pues yo no quiero ganarme la plaza, pero en el momento en que pienso en Galicia inmediatamente me viene la empanada de berberechos, me vuelve loco. El lacón, que me vuelve loco. Los buenos pimientos de Herbón y me encantan todas las conservas, me parecen brutales. Y por supuesto, el marisco.

-¿Sigue cocinando en casa?

-Sí, sí, todos los días. Esta noche voy a cocinar unas codornices salvajes a la sal.

-Le van a dar una estrella Michelin.

-Mi mujer me ha dado una. [Risas] Un muñeco Michelin.

-Entiendo que por la comida ¿no?

-Sí, sí. Bueno, por todo, por todo. [Risas]

 

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