La gran poeta a la que nunca conocimos

Llevaba la gloria en el nombre pero murió sin que su obra mayor fuese reconocida. La justicia poética llega el año en el que esta autora estrafalaria y auténtica habría cumplido los cien. Que empiece la fiesta. De Lavapiés al cielo un siglo después.

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07/04/2017 14:27 h

«A veces escribo deliberadamente mal para que os llegue bien», dijo Gloria Fuertes (Madrid 1917-1998), sabiendo que tendría que explicarse, hacer aspavientos con sus intenciones de poeta para todos. «Gloria tiene eso tan especial de ser como una amiga, es ingeniosa pero de una melancolía profunda, y muchas de las cosas que ha llegado a decir mucha gente ni imagina que las ha dicho», apunta Jorge de Cascante, autor de El libro de Gloria Fuertes, antología de poemas y vida con que Blackie Books hace justicia al olvido. Aún ahora sabemos poco más que Gloria nació a los dos días de edad («pues fue muy laborioso el parto de mi madre que si se descuida muere por vivirme»). Ella quería que la poesía llegara a todas partes, subraya Luis Antonio de Villena, amigo de Gloria, a la que trató en los 90, y autor del prólogo de Geografía humana y otros poemas (Nórdica). En los 60, recuerda el autor, leía sus poemas en los pubs mientras los novios se estaban achuchando.

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¿Qué la hace grande? «Gloria logró un grado de coloquialismo muy especial. Tiene una voz inconfundible, y ese tono coloquial propio, único, fue lo que vio enseguida Gil de Biedma, que la incluyó en los 50 en una antología en la colección Colliure, minoritaria pero absolutamente de élite», dice Villena. Pero hasta hoy, hasta este 2017 centenario, cunden las rimas de la oca loca, el dragón tragón, estruendo simpático de Fuertes que acalla su dolor, su crudeza, lo Otro que escribió. Esos Versos en Faldas con que sacudió la tontería cenácula de los 50. «Yo lo único que hice fue inventarme el nombre -advirtió Gloria, según De Cascante-; [con Versos en Faldas] queríamos acabar con el “si me lees te leo, típico de las tertulias de hombres que nos ignoraban y que tan pocas ganas tenían de leer nuestros poemas, que ya entonces eran tan buenos o mejores que los suyos». Gloria fue más lejos, también se atrevió con esto: «La poeta es siempre mujer. La mujer que escribe poesía es una poeta. El hombre que escribe poesía, un poeto». «Lo dijo en 1951, ¡fue como tirar una bomba en medio de la plaza!», valora De Cascante.

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Gloria personaje engulló para el gran público la gran Historia de Gloria, Cómo atar los bigotes del tigre, el Ni tiro ni veneno ni navaja directo al tema del suicidio o el Mujer de verso en pecho que presentó Camilo José Cela. La tele, advierte Luis Antonio de Villena, sorprendió a Gloria y le pasaría factura. «Gloria se encontró la sorpresa de que en la tele ganaba muchísimo dinero tras una vida dura, de dificultades económicas -sostiene-. Se convirtió en ese personaje público, un poco ridículo, que parodiaban Martes y Trece. Un personaje enormemente conocido pero por lo peor que había hecho. Ella que en los 50 había sido de la primera fila en España pasó en los 80 a la quinta». El amor, la infancia sin muñecas, la guerra incivil, el dolor y el descaro poético como respuesta a un mundo hostil están en Gloria.

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¿Lo saben? «Gloria se la jugó a la España más rancia», asegura Jorge de Cascante. Él, que es del 83 y conoció a Gloria por una profesora de la Universidad que le regaló su Historia, «no separaría a la Gloria para niños de la autora para adultos. Ella es un todo. Solo que decía que cuando estaba alegre escribía para niños, y para adultos cuando le daba el bajón, que solía ser por las noches... y la mayoría de las veces. Ella debía de creer que era más fácil cambiar el mundo, conseguir ese mundo mejor que quería, dirigiéndose a los niños».

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Lectura obligatoria en universidades de Estados Unidos, donde coincidió con José Hierro (buen amigo suyo) y dio clases de español en los sesenta gracias a su amor, Phyllis (a la que De Villena llama por error Gladys en la antología de Nórdica), Gloria sigue siendo aquí la escritora a la que nunca conocimos. «Insistir en el rótulo de ‘Gloria, poeta de los niños’ es darle una bofetada a su cadáver -previene De Villena-. Si insistes, vendrá una mano por la noche, una meiga o un fantasma, a darte tu merecido». A la poeta que nos perdimos la recuperan la exposición Gloria Fuertes, centenario, que se celebra en Madrid hasta el 14 de mayo, y obras como Geografía humana y otros poemas y El libro de Gloria, antología de poemas y vida. «Más que recuperarla, a Gloria la estamos descubriendo», matiza glorista Jorge de Cascante.

No sé si conocen el poema...

«Me dijeron:

-O te subes al carro

o tendrás que empujarlo.

Ni me subí ni lo empujé.

Me senté en la cuneta,

y alrededor de mí, a

a su debido tiempo,

brotaron las amapolas».

Qué verdad y qué paciencia.

Será que a la gloria se le da bien la espera.

FOTOS: BLACKIE BOOKS / FUNDACIÓN GLORIA FUERTES

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