La Galicia de Camba


27/02/2015 16:00 h

La Galicia de Julio Camba es una Galicia incómoda, heterodoxa, políticamente incorrecta, escrita a contracorriente. La Galicia de Camba está a años luz de los guardianes de la ortodoxia y de sus pomposas hojas de ruta para hacer país. Camba, probablemente el mayor columnista del periodismo español de todos los tiempos, más que hacer país, lo deshacía, porque era todo lo contrario a eso que él llamaba un «gallego profesional» y repudiaba el nacionalismo (y muchos otros ismos). 
Pero Camba, por supuesto, no se puede entender sin Galicia, porque la llevaba en las venas:
-Yo no soy nada internacional. Yo soy de Villanueva de Arosa. 
Y para entender a Camba, incluso al Camba de Londres o Berlín, hay que leer sus artículos sobre Galicia, porque si no, uno jamás comprenderá los matices y claroscuros de esa ironía con la que afilaba los adjetivos para hablar de la levita del catedrático bávaro.

ANTOLOGÍA 
De la mano del sello Fórcola llega Galicia, una antología en la que el profesor valenciano Francisco Fuster selecciona 50 artículos de  Julio Camba sobre su tierra, a la que pone prólogo el presidente del Consello da Cultura, Ramón Villares. A los textos ya recopilados previamente en Playas, ciudades y montañas y La rana viajera, añade Fuster otras 27 columnas sobre Galicia que aparecen ahora por primera vez en formato de libro, rescatadas directamente en la hemeroteca de las páginas de los diarios El País, El Mundo, El Sol y Abc.
Asoma aquí la irreverencia del periodista frente a cualquier atisbo de patriotismo:
-Una nación se hace lo mismo que cualquier otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el mismo Getafe, a dos pasos de Madrid.
De semejante desapego nace tal vez esa distancia que ponía entre él y las cosas (e incluso entre él y las personas, como contaba Ruano en su obituario). Con esa distancia Camba podía sacar el bisturí y actuar como un cirujano de la realidad. Quizás por eso tuvo una perspectiva única, que lo hizo diferente a todos.
De tiempo en tiempo, pierdes la fe en el periodismo, en esta cosa de juntar palabras. Pero entonces, vuelves a Camba, abres un libro cualquiera, y de pronto se desvanecen las dudas, como espectros de otro tiempo, y te quedas a solas con el periodismo y la literatura. Camba, que no era un tipo feliz, tiene el don de hacernos felices. Camba lo cura todo.

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