«Aquí nos quejamos de vicio»

Tras cuarenta años dando clase en las Mercedarias,  hace cinco la religiosa Pilar López Rodríguez puso rumbo a la República Dominicana para tender una mano a los niños que trabajan en la calle

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Ferrol

A los 65 años, cuando se supone que la existencia se torna más tranquila y la mayoría de la gente echa el freno a la actividad laboral, María del Pilar López Rodríguez se embarcó en una de las aventuras más intensas y emocionantes de su vida. Fue entonces cuando la congregación de esta religiosa que durante más de cuarenta años ejerció la docencia en el colegio de las Mercedarias de Ferrol le propuso viajar a la República Dominicana para trabajar en la Fundación La Merced. Aunque en un principio esta organización nació para ayudar a los niños limpiabotas, con el tiempo ha ampliado su campo de acción y hoy en día desarrolla numerosos proyectos para erradicar el trabajo infantil y la explotación sexual de los menores y adolescentes de la isla de las Antillas.

Ahora, cinco años después de iniciar aquella aventura y a punto de cumplir los 70, la madre Pilar -como la recuerdan sus alumnos de las Mercedarias- no podría sentirse más agradecida. «Esta experiencia me ha servido para aprender que no puedo quejarme de nada, porque, al ver todo lo que padecen los niños de allá, te das cuenta de que aquí nos quejamos de vicio. También me ha servido para madurar y entender otras formas de vida», explica la religiosa, que ahora está pasando unos días de descanso en Ferrol, aunque ya tiene el billete listo para regresar a la República Dominica el próximo 7 de agosto.

Pero, ¿cuál es exactamente el trabajo que desarrolla esta religiosa al otro lado del Atlántico? Pilar López Rodríguez explica que gran parte de su tiempo lo dedica a los niños de un batey de Santo Domingo situado junto al río Haina -los bateyes son poblados marginales surgidos en torno a la industria azucarera del país-, donde la Fundación La Merced cuenta con una «sala de tareas» en la que los pequeños escolarizados pueden hacer los deberes y desarrollar capacidades relacionadas con la danza, la música o la pintura, pero en la que también se alfabetiza a quienes no tienen la suerte de ir al colegio. «En España es muy raro ver a un niño trabajando, pero en República Dominica ver a un pequeño vendiendo flores o limpiando botas es una estampa muy habitual y lo peor de todo no es que ese trabajo le esté robando la infancia a esos niños, sino el peligro que supone para ellos estar en la calle, donde son más vulnerables y muchas veces sufren abusos sexuales», explica la religiosa.

La mayoría de las madres de esos niños son mujeres solteras, que se ven obligadas a dejarlos solos mientras salen a trabajar y que sufren a diario el machismo de una sociedad que les ha robado su autoestima. Por eso los esfuerzos de La Merced también se dirigen hacia ellas. «Las mujeres de la República Dominicana viven en un estado de desesperanza muy grande y piensan que no pueden hacer nada para prosperar. Por eso ahora estamos desarrollando un proyecto para empoderarlas; lo que queremos es ayudarlas a crear pequeñas cooperativas para fabricar y vender trabajos artesanales con los que ganarse el pan al mismo tiempo que están cerca de sus hijos», explica Pilar López Rodríguez.

Además, en el futuro se vislumbran otros muchos proyectos, como la creación de un centro comunitario en el batey de Bienvenido, con guardería, dispensario médico, un colmado... «Hay tanta miseria que a veces pienso que lo que hacemos no es mucho, solo un granito de arena, pero enseguida me sacudo esa idea y me digo que granito a granito también se puede cambiar el mundo».

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