Dos heridos por catana en Ferrol tras una discusión por un perro

La reyerta multitudinaria comenzó por los ladridos del animal


Ferrol

Una reyerta multitudinaria que tuvo lugar ayer en el barrio ferrolano de Recimil se saldó con dos personas heridas de pronóstico reservado por cortes provocados con una catana y los presuntos autores, una pareja de etnia gitana, detenidos. El incidente entre vecinos de las conocidas como Casas Baratas, propiedad del Concello de Ferrol, tuvo su origen en las supuestas molestias ocasionadas por los ladridos de un perro.

Los heridos son dos hermanos payos, un hombre y una mujer cuya identidad corresponde a las iniciales A. F. R. y A. D. R., de 49 y 44 años, respectivamente. La mujer resultó con un corte que le atravesó la cazadora y la camiseta y recorre la espalda de arriba a abajo, mientras que el varón sufrió heridas incisas en el abdomen, una pierna y ambas manos. Los dos fueron trasladados en ambulancia al Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol, pero en el caso de él fue necesario desviarlo al Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña con el fin de operarlo, puesto que los cortes en las manos le afectaron a los tendones.

Como presuntos autores de las agresiones, la policía detuvo a un vecino del barrio, D. D. J., de 36 años, miembro de la familia de los Durillo, y a su esposa, J. J., que fueron trasladados a los calabozos de la comisaría de Ferrol-Narón. Está previsto que hoy pasen a disposición judicial.

Monumental paliza

Los hechos ocurrieron poco antes de las once de la mañana, cuando las calles de Recimil estaban repletas de gente porque había mercadillo. Según testigos presenciales, todo comenzó cuando el ahora detenido le llamó la atención por los ladridos de su perro, al que había dejado en la puerta del bar en el que estaba tomando algo, a quien después resultó herido.

Tras este primer enfrentamiento, el hombre llamó a la puerta del que lo había increpado y recibió una paliza monumental en la que, según algunos vecinos, participaron numerosos miembros del colectivo gitano, armados con palos y una catana. Su hermana trató de defenderlo y también recibió golpes y el impacto de la catana, que, por cierto, la policía no logró localizar después.

Los rastros de la violenta agresión quedaron patentes a la altura de los puestos de verduras en un reguero de sangre y pañuelos encharcados en ella.

La reyerta originó un gran despliegue de las policías local y nacional, y despertó la alarma entre el vecindario.

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