Una campana salvadora para arriesgados rescates submarinos

Una docena de alumnos del Instituto Galego de Formación en Acuicultura realizaron un simulacro en conjunto con Salvamento Marítimo en el puerto exterior de Ferrol


FERROL

Los efectivos de Salvamento Marítimo desearían no tener que utilizarla nunca, pero la cámara húmeda es su compañera más fiel en los rescates peligrosos en el mar.

Con base desde 2010 en la sede estratégica ubicada en el polígono de Vilar do Colo, en Fene, presta servicio a las fachadas atlántica y cantábrica, al tratarse de una pieza que solo tiene una hermana gemela, en Cartagena.

Una docena de alumnos de un ciclo medio del Instituto Galego de Formación en Acuicultura (IGAFA), ubicado en A Illa de Arousa, llevan desde el 9 de enero conociendo hasta el último detalle de la también llamada campana abierta en el puerto exterior de Ferrol.

Después de una semana de lecciones en tierra, el lunes montaron el equipo y en la mañana de ayer comenzaron las inmersiones, con varios ejercicios con los que simularon el rescate de buzos o la pérdida de comunicaciones.

Los futuros profesionales se enfundaron un traje de agua caliente, que gracias a un sistema de tubos unidos al tejido mantienen el cuerpo a la temperatura ideal cuando se sumergen en aguas como las del puerto ferrolano, a unos 13 grados.

Del pecho hacia arriba permanecen secos, gracias a un casco de vacío, con el que pueden regular la entrada de aire. Una vez completamente equipados, la campana, una especie de jaula, va descendiendo hacia el agua sujeta por el denominado cordón umbilical, que se desliza por la polea. 

Desplazamiento en contenedor

Cuando acuden a un rescate, la campana viaja dentro de su propio contenedor, en un camión que también lleva una cámara hiperbárica, por si hubiera que despresurizar, y un pequeño taller.

Además, la propia pieza lleva su caseta de control, en la que dos técnicos vigilan todos los movimientos. Cada uno de los dos buzos que descienden llevan una cámara en el casco, la jaula lleva una cenital y en el exterior hay otra más. En total, cuatro, para que todo quede grabado.

Gracias a este sistema, los efectivos de Salvamento puede llevar a cabo inmersiones de 60 metros de profundidad y hasta de 90 metros con la ayuda de los botellones de oxígeno que van anclados en la campana -en total, 40.000 litros, para unas 5 o 6 horas de actuación-.

«Es el mejor medio de transporte, el más seguro, como un pequeño hábitat del buceador bajo el agua», explicaba Manuel Ruiz, con casi tres décadas de experiencia. Normalmente, un buzo se encarga del rescate y el otro, el bellman -hombre campana-, se queda dentro.

«Está siendo una preparación muy completa, es algo que necesitamos para estar listos para las situaciones de emergencia», contaba después de salir del agua la salmantina Marta Cortés, la única mujer entre los tres equipos de cuatro miembros en los que se distribuyeron para ir rotando las funciones.

Una de esas situaciones fue la que se encontraron en abril de 2014 los buceadores de Salvamento Marítimo, que tuvieron que acudir a la tragedia del Mar de Marín, en la ría de Vigo.

«Somos unos privilegiados por el equipo con el que contamos, pero esta esquina de España necesita más medios que el resto por las condiciones marítimas», concluía Jesús Iglesias, jefe del centro de coordinación de A Coruña.

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