«Me engañó con una dolencia grave y quedé con lesiones irreversibles»

Una cargo público, paciente del falso médico ferrolano, espera poder demostrar «la desfachatez de este personaje» con las pruebas que ha acumulado durante años


«Fui engañada pensando que era médico y me trató de una dolencia muy grave, un error terrible por mi parte, y me quedé con lesiones irreversibles». Quien así habla es una víctima de las andanzas del falso médico ferrolano José Manuel López Pérez, que ayer ingresó en la prisión de Teixeiro bajo los cargos de intrusismo, estafa y blanqueo de dinero. Es una mujer coruñesa que desempeñó un cargo público de relevancia, que rompe a llorar dolida por lo que le ocurrió, y que quiere mantener su anonimato unos días, mientras no concluye unas gestiones reservadas. Pero accede a contar su historia.

Ocurrió hace más de cinco años. Acudió a Ferrol movida por la fama del osteópata, que también había llegado a sus oídos. Estuvo bajo su tratamiento un par de años, siempre abonando religiosamente unas facturas que suman más de 15.000 euros. «Tardé en darme cuenta de que lo único que hacía eran intervenciones colaterales, sin ninguna importancia respecto a mi enfermedad», añade, ya dispuesta a contarlo todo.

Quedó con secuelas físicas, psíquicas y morales. Durante tanto tiempo, recuerda, pudo ser testigo de muchas cosas. Así, observó cómo atendía a enfermos de esclerosis, cáncer o paralíticos a los que decía que estuviesen tranquilos, que los iba a curar de unos males incurables.

Ella nunca dudó de que fuese médico porque las paredes de los diferentes habitáculos de su consulta de la calle Real de Ferrol tenían tantos diplomas que apabullaban. «Había de todo, títulos universitarios, diplomas de posgrado, no sé cuánto, hasta el punto de que a mí me pareció que, dada su juventud, parecía difícil que acumulase tanto currículo», añade. También fingía hablar con doctores destacadísimos en presencia de los enfermos, para mayor sorpresa de ellos. Hasta que se dio cuenta del engaño y se puso en mano de médicos de verdad. No obstante, espera poder demostrar todo lo que cuenta y poner en evidencia la «desfachatez de este personaje» con las pruebas que ha podido reunir, al tiempo que hace un llamamiento a todas las víctimas para que hagan lo mismo. Luego rompe a llorar, a pesar de ser una persona contenida.

Un ferrolano

Otro caso menos grave -afortunadamente no le quedaron secuelas- es el del ferrolano L.??S., de unos 60 años. Cuenta que también ocurrió hace cinco años. Tenía fuertes dolores en una cadera y allá se fue al célebre sanador de la calle Real. «Me metió infiltraciones, un montón, en la articulación. Sí, me pasaba el dolor durante un día, pero luego volvía».

Hasta que un amigo médico lo sacó del equívoco, lo llevó a un traumatólogo a Santiago y allí le diagnosticaron un grave desgaste de cadera que no tenía otro tratamiento que una operación, la colocación de una prótesis, hacer la rehabilitación y ponerse a andar de nuevo.

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