Reina del wasap a los 103 años

Dice que la clave de la longevidad es no incomodarse, sueña con viajar a Francia, lee novelas a diario y hace el crucigrama de La Voz

Reina del wasap a los 103 años Paquita tiene claro cuál es el secreto de su longevidad: vivir tranquila. Así de sencillo. Amante del mar, la lectura, los paseos y la buena comida, no se le resisten ni las nuevas tecnologías. ¿Su próximo viaje soñado? Los Pirineos franceses

13/05/2017 12:57 h
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Les presento a Paquita Salguero Camarero. Acaba de cumplir 103 años y le encanta wasapear. «Es que su único problema de salud es que está un poco sorda y por eso es mejor comunicarse con ella por esta vía», comenta Loly, vecina y amiga de esta mujer. Me pasa el contacto, lo registro en el móvil y le mando un mensaje para presentarme y, de paso, le pregunto cómo está. Al instante veo que Paquita está escribiendo. «Estupendamente. Muy bien, muy feliz y muy contenta de hablar contigo. Gracias», contesta. Decido ser directo y escribo: «No me creo que haya cumplido 103 años. ¿No estará mal el DNI?». La respuesta no se hace esperar. «Si no me conoces por qué tienes esa duda. A las tres te invito a un café y lo compruebas. Tengo en mi mano la partida de nacimiento». Decido aceptar el ofrecimiento. Un minuto después recibo un nuevo mensaje, en este caso un poco más largo, de unas diez líneas. Empieza: «Así me gusta. Me encanta tener nuevas amistades». Y termina: «Por la tarde hablaremos y trataremos de llegar a ser buenos amigos». Nunca había quedado con nadie de 103 años para tomar café. Después de comer llamé al timbre de su casa.

LA HIJA DEL FARERO

Me enseña el móvil, un BQ de gran pantalla. Cada vez que recibe un mensaje suena una trompeta militar imposible de no oír. Nos sentamos en torno a una mesa camilla al lado de un ventanal que ofrece una vista preciosa sobre el puerto coruñés. Tengo enfrente a una mujer que nació el 7 de mayo de 1914. Abro la libreta. «¿Me estás examinando? Me estoy poniendo nerviosa», dice Paquita sonriente. Sin abandonar la sonrisa de su rostro descubre el secreto de la longevidad: «Tener buen carácter. No incomodarse por nada. Soy muy positiva. A ver si me pones un diez en el examen». Y otra carcajada. Cuenta que su padre, que era farero y murió cuando ella tenía 5 años, trabajó en la torre de Hércules y en otros lugares como el faro de Cedeira, donde nació. Por desgracia su madre también falleció al poco de traerla al mundo. Paquita, la pequeña de nueve hermanos, se crio con su padrino, también farero. «Vivió en los faros de Llanes, Sisargas y en Cabo de Torres, en Gijón», precisa su sobrina Carmina, que se acaba de jubilar.

EL CRUCIGRAMA DE LA VOZ

La imagen es del mes pasado. Le encanta mojarse los pies en el agua. Camina unos 3 o 4 kilómetros diarios. «La chica que me acompaña dice que se cansa», asegura. Confiesa que come de todo y siente debilidad por el pan con aceite. «Durante muchos años pesé 47 y ahora subí a 53», asegura esta mujer que enviudó hace unos años y no tuvo hijos. La sobrina me muestra un álbum que contiene fotos de las excursiones que realizaron recientemente. «Lo que más admiro de ella son sus ganas de divertirse, de ir a restaurantes, de viajar...», explica. «Me dijo el cura que con los años que tengo puedo hacer lo que me dé la gana. Me apetece ir a Francia, a ver si alguien me lleva», comenta mientras vuelve a sonar la trompeta que anuncia la llegada de un nuevo mensaje al móvil de Paquita, una mujer que cada mañana completa el crucigrama que publica La Voz. «Pero ahora hay palabras que tengo que buscar en Google». A sus 103 años se levanta con agilidad de la silla y me acompaña a la puerta. «¿Habré pasado del 5 en el examen?», pregunta.

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